Juan Mariano Zabala
El Gobernador y el Espadachín
Documentación de ArchivoGobernación de Cuenca |
Esta historia que se desarrolla en el siglo XVIII, narra la vida de dos personajes de los primeros tiempos de la Gobernación de Cuenca, el gobernador Joseph Antonio Vallejo y Tacón y el espadachín Juan Mariano Zabala y Alvarado.
Cuando Vallejo se posesionó como gobernador ante el Cabildo de Cuenca el 13 de Diciembre de 1777 tenía 35 años y era soltero. Durante su gobierno, Vallejo realizó acciones que encaminaron el progreso urbano de Cuenca y se le consideraba un hombre que ejercía su cargo con dignidad, altura y severidad.
Se puede considerar que durante este gobierno, hubo una época de adelanto tanto en el campo moral como en el cultural y social. Entre las obras durante su gobierno se dictaron rigurosas leyes de convivencia.
Por otra parte también se incrementaban los recelos hacia el Gobernador ya que desde que éste inicio su mandato impuso severidad en todos sus actos, dando una imagen de ser un personaje incorruptible y severo, lo que a su vez le creó gran número de resistencias en todas las clases sociales. En la clase social pudiente se crearon resentimientos ya que fueron obligados a pagar las deudas que tenían con las Cajas Reales por concepto de tributos no satisfechos, mientras tanto las clases populares se hallaban insatisfechas ya que se les cortó con toda energía sus desafueros por ejemplo prohibió la embriaguez y el cotidiano trasnoche, los juegos ilegales, los bullicios y disputas callejeras.
De la Rebeldía de Juan Mariano Zabala
Por su parte el espadachín Zabala era hijo de Juan Ignacio Zabala y Josefa Alvarado, quien falleció cuando el apenas tenía tres años. Al quedar huérfano, fue adoptado por su tía Magdalena Alvarado quien lo crió como si fuera su propio hijo. Un rasgo característico de este personaje es que siempre andaba con su espada al cinto y es de ahí precisamente de donde viene el apodo de espadachín.
Para 1779, Zabala se había convertido en uno de aquellos sujetos a los que Vallejo perseguía debido al número de quejas que había tenido en su contra. Los reportes acumulaban acusaciones graves ante la autoridad civil y eclesiástica:
- Dar de bofetadas a un cura en plena vía pública.
- Deshonrar a varias doncellas de linaje de la ciudad.
- Sustraerse las valiosas joyas de la Virgen de un templo.
- Armar constantes broncas, disturbios y reyertas.
- El desacato mayor: Haberse fugado de la cárcel pública limando los barrotes protectores.
El Desenlace en la Calle de El Chorro
El desenlace de la historia se da cuando el jueves 23 de diciembre de 1779 pasadas las tres de la tarde, mientras Vallejo a caballo, se dirigía al centro de la ciudad, por la calle de El Chorro (ahora Borrero), con el Alguacil Eugenio de Arteaga, pudo divisar en un salón de billares ubicado en aquel entonces (frente al actual templo de San Alfonso, ahora Borrero y Bolívar, a dos cuadras antes de la Iglesia de la Concepción) al personaje que inquietaba su gobierno y a la ciudad, el espadachín Zabala.
Acto seguido el alguacil recibió la orden del Gobernador de capturarlo y, el oficial experto en su oficio, fue por el zaguán para sorprenderle in fraganti, mientras el Gobernador se quedó esperando en la puerta del salón para evitar que escape. Sin embargo, el espadachín se las sabía todas y más aun tratándose de fugas y se esfumó en las propias narices de la autoridad rumbo al convento de las Conceptas (actuales calles Córdova y Borrero) donde intento acogerse en el templo, pero su plan fracasó ya que el convento se encontraba cerrado.
Detrás de él estaba el Gobernador, sobre el caballo, ordenándole declararse preso. Pero el espadachín dio la vuelta para tomar por la calle que sube hacia la plazoleta de San Francisco pero en su intento, una bala le atravesó el pecho. Cuando el alguacil fue a recogerlo para tomarlo preso, lo encontró muerto. La bala le había causado en el pecho una herida mortal.
La muerte del espadachín fue un caso que pesó mucho sobre Vallejo ya que luego de esto, el Cabildo desconoció la autoridad del Gobernador a causa de la muerte de Zabala y tuvo conflictos judiciales. El caso escaló de inmediato a los tribunales superiores de la Real Audiencia.
Finalmente se conoce que el Gobernador Vallejo falleció en Cuenca en el año 1803. Su administración y el trágico destino del espadachín se convirtieron en leyenda local.
En fin la historia del Espadachín Zabala y del Gobernador Vallejo es un testimonio histórico de gran interés que incluso han sido la inspiración para algunos literatos como Luis A. Moscoso Vega quien entusiasmado con esta historia escribió la novela “El Espadachín Zabala” con la cual ha inmortalizado la historia de estos dos personajes.