El Batihoja Vicente Egas en Cuenca
Vicente Egas era natural y vecino de Quito. Este batihoja no aparece mencionado por Fernández-Salvador y Costales Samaniego (2007) entre los artesanos activos en Quito en la época virreinal. Paniagua Pérez y Garzón Montenegro (2000: 140) lo sitúan en Cuenca, pero no se refieren a su trabajo al tratar sobre los gremios de plateros y batihojas en Quito durante el siglo XVIII, como tampoco a su desempeño en Cuenca. No hemos localizado aún documentación que acredite la formación de Egas en talleres quiteños, pero según el primero de los expedientes que tratamos a continuación4 nació allí, debiendo formarse como batihoja en la ciudad en la que contrajo matrimonio. La producción de Egas en Quito debe de haber sido muy escasa, teniendo en cuenta la edad con la que se marchó a Cuenca, aunque en la capital de la Real Audiencia ya habría adquirido el grado de oficial, pues según la documentación, contaba con diecinueve años cuando salió de Quito, abandonando a su mujer e hijos y asentándose en la recién creada Gobernación de Cuenca. En esta ciudad, por su parte, sería un batihoja sin prácticamente competencia local, pues en su época no había establecidos otros artesanos de su oficio. Se tienen noticias, en cambio, de la compra de libros de oro por parte de clientes del sur de la Audiencia, como sucedió en Girón, para cuyos retablos se compraron panes de oro de Quito (Paniagua Pérez y Garzón Montenegro, 2000: 140).
No sabemos si su viaje a Cuenca se realizó por un encargo previo o si, por el contrario, se desplazó a la ciudad en busca de una situación laboral más prometedora que la de Quito. Lo cierto es que allí tendría la oportunidad de trabajar para algunos de los grandes comitentes del último tercio de siglo, momento en que la ciudad pasa a convertirse en sede episcopal. Su llegada coincidió con la realización de las obras arquitectónicas más importantes, que se fechan en la segunda mitad del siglo XVIII (Cordero Íñiguez, 1986: 72). De hecho, a finales de este siglo, las iglesias y los conventos seguían siendo uno de los mayores clientes de estos artesanos establecidos en Cuenca. Concretamente, el Monasterio del Carmen de la Asunción (Figs. 2 y 3), fundado en 1682, contrató con los artesanos del metal obras de singular valor artístico y piezas de plata como custodias, atriles, faroles, sitiales diademas.5 Egas llegó a Cuenca cuando se estaban terminando las obras de la iglesia (1730-1782) que, por tanto, necesitaba artesanos especializados para el mobiliario litúrgico y la decoración de su interior. Cuando se realizó el censo de la Gobernación de Cuenca en 1778, habitaban el cenobio dieciocho religiosas de coro y velo negro, tres religiosas de velo blanco y siete criadas, siendo su capellán el doctor Francisco Veintimilla y su priora Theresa de Jesús. Es en ese contexto en el que aparece Vicente Egas relacionado con el cenobio carmelita. A partir de una contratación desde este claustro, y con la citada Theresa de Jesús como protagonista, conocemos la situación personal y la actividad del batihoja Vicente Egas a finales de la década de 1770.