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“La construcción del horno de leña era un verdadero rito. Había que recolectar con tiempo una serie de materiales. Se dice que los albañiles especializados en este tipo de construcción eran muy pocos. Primero se preparaban los adobes con lodo podrido y lana de borrego que se conseguía en “el barrio de la suelería, a esta preparación bien batida, se la dejaba reposar el tiempo necesario hasta que se seque. Cuando el adobe estaba listo se procedía a la construcción del horno. Después de construir cimientos se armaba una especie de cajón que se rellenaba con tierra amarilla, arena muy seca, huesos de res, cáscaras de huevos y sal en grano, todo esto en grandes cantidades. Sobre esta base se acomodaban los ladrillos, uno al lado del otro, sin ninguna amalgama ni en la base ni en las uniones: esto servía para formar el piso o suelo del horno. Para trabajar la parte superior, bomba o cielo del horno, se hacía primero una armazón de madera completamente redonda denominada cercha; la redondez se lograba con un compás formado por dos carrizos. Sobre esta armazón colocaban los adobes. Hacia adelante se dejaba la puerta o boca del horno en donde se colocaba una puerta de hierro. El horno debía ser enlucido con el pañete de estiércol de caballo y finalmente pintado con tierra blanca. Con el transcurso de los años, en lugar de cáscaras de huevo y la sal se utilizaron vidrios de toda clase de latas y hierros; todo esto, para que el horno se caliente bien y reparta el calor por igual”. Antiguamente, la tierra que se prefería para la fabricación de los hornos era la negra y blanca procedente de Azogues o de lugares cercanos a Girón. Con esta tierra lista se procedía a hacer un terraplén que consistía en retirar la capa superior, humedecer el suelo (formando barro) y batir. Este proceso que demandaba gran fuerza, se podía realizar con ayuda de una yunta para remover el suelo y para batir el lodo con la ayuda de los pies. Una vez humedecida la tierra y batida se cubría con paja (como se hace en la actualidad) y se dejaba reposar un par de días para permitir el asentamiento de la masa, o inclusive putrefacción de la misma. Finalmente en este estado nuevamente se colocaba la paja picada y se volvía a batir para iniciar el proceso de moldeo de los adobes. (
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los procesos de curación se utilizaron para restablecer la salud, sanar enfermedades y males, transmitir buenas energías. Para las sanadoras, las prácticas se establecieron para proteger de enfermedades futuras, tener habilidades para percibir si la persona se encuentra enferma o sana, equilibrar y mantener un contacto con el mundo espiritual y liberar el estrés del organismo. Los instrumentos utilizados eran las plantas medicinales (ruda, santa- maría, romero, poleo), colonias, huevos, ají, piedras de alumbre y maderas de chonta. (
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