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                  <text>De pecados carnales a almas salvadas:
cuatro testamentos de mujeres en Cuenca (Ecuador), siglo XVII
From carnal sins to saved souls:
Four women’s wills in Cuenca (Ecuador), 17th century
María Teresa Arteaga
Universidad de Cuenca, Ecuador
maria.arteagaa@ucuenca.edu.ec

Julio Suárez Suárez
Universidad de Cuenca, Ecuador
julio.suarez@ucuenca.edu.ec

RECIBIDO: 25/08/2021

ACEPTADO: 04/05/2022

RESUMEN

ABSTRACT

Los testamentos son fuentes de indiscutible valor a la
hora de reconstruir la materialidad y la inmaterialidad
de una cultura. En ellos, se registra una serie creencias,
prácticas, concepciones/actitudes sobre la vida y la
muerte de quienes testan, así como su contexto social
y económico. Además, en el acto testamentario, tan
cercano a la muerte, se hace evidente la vida de quien
se “confiesa” frente al escribano. De ahí que estos
sujetos jurídicos, dadas las circunstancias y bajo el
ideal del cumplimiento del bien morir, en principio,
se preocupen más por la salvación de su alma, en
desmedro de su cuerpo por lo que cabe preguntarse,
por ejemplo, ¿cómo se construye la sexualidad y la
corporalidad femenina en el siglo XVII en el acto
testamentario? Para responder esta inquietud, se
considerarán cuatro testamentos de mujeres mestizas
fechados en el siglo XVII y se acude al método
histórico, desde la perspectiva de historia de la vida
cotidiana, que hace uso de este documento legal para
manifestar sus últimas voluntades.
Palabras clave: Testamentos, Historia de
Sexualidad, Corporalidad, Siglo XVII, Cuenca

34

género,

Testaments are sources of undisputable worth when
reconstructing a culture’s material or immaterial
value. A series of beliefs, practices, conceptions/
attitudes about life and death of those who make a
testament are registered, as well as their social and
economic context. Additionally, in the act of making
a testament, so close to death, the life of the people
who ‘confess’ before the notary becomes evident.
Hence, these legal subjects, given the circumstances,
and with the ideal of accomplishing a good death, in
the beginning are concerned more with the salvation
of their souls in detriment to their body, for which
it is necessary to ask: how does female sexuality and
corporality in the XVII century is constructed in the
making of a testament? To answer this question, four
testaments of mestizo women at the XVII century
are considered, from the historical method from the
perspective of history of everyday life, who make
use of a legal document to manifest their last will.
Keywords: Wills, Gender’s history, Sexuality, Corporality,
Seventeenth century, Cuenca

�Vol 10 (1), Enero-junio 2022
ISSN: 1390-9029

INTRODUCCIÓN
A lo largo de la historia, la preocupación por
la sexualidad ha estado presente como una inquietud
permanente. “Por eso cabe afirmar que aunque ‘eros’
y ‘civilización’ parezcan haber estado enfrentados
desde siempre, también parece como si desde siempre
hubieran establecido una fructífera colaboración”
(Choza, 1991, p. 76). Bataille, incluso, señala que la
presencia del erotismo está vinculada estrechamente
con la conciencia de la muerte, ya establecida desde el
hombre de Neanderthal, pues “el momento realmente
interesante (en particular en el plano del erotismo)
es aquél en que la muerte se hace consciente, y viene
señalado con la aparición de las primeras sepulturas”
(1981, p. 42). Es desde aquí que se en donde la
vida íntima de los individuos y comienza a tomar
importancia al generarse una consciencia sobre
algo tan particular y personal como es la conducta
sexual. En adelante, la sexualidad de los individuos,
especialmente la femenina, se reviste de interés al ser
una manifestación de la vida en oposición a la muerte.
Para comprender mejor la realidad aludida, es
necesario situarnos en el contexto del siglo XVII en
la América hispana. Como antecedente, el Concilio
de Trento (1543-1563), marcó claramente una línea
divisoria en los estados de las personas (celibato y
matrimonio), y en consecuencia se estableció una
forma diferente entre vivir y servir a Dios. Por otro
lado, parte de la estrategia, para recuperar las almas
perdidas, será la iconografía en los templos. Así, el
culto mariano, la veneración al Niño Jesús y la Sagrada
familia “que tendría importancia decisiva en la
formación cultural y en particular en la resignificación
de la diferencia sexual”, serán los principales encargos
del clero a los pintores y escultores de los siglos XVI y
XVIII (Rodríguez, 2006, p. 48).
Este contexto da lugar a una “mente barroca
[que] conoce formas irracionales y exaltadas de
creencias religiosas, políticas, físicas incluso, y la
cultura barroca en cierta medida, se desenvuelve para
apoyar estos sentimientos” (Maravall, 2002, p. 44).
A todo esto, se suma “un nuevo discurso
sobre el cuerpo” (Armas, 2001, p. 674), en el que la
discusión sobre la correcta sexualidad se torna en
tema de interés, lo cual se reflejará en los tratados de
medicina y los manuales de confesores. Es decir,

L’inquiétude du salut, la revalorisation du
mariage et de la vie laïque, une attention plus
grande portée aux humbles (femmes, enfants)
expliquent la multiplication, à partir du XVIe
siècle, des traités qui abordent le thème de la
sexualité dans le cadre du mariage (Daumas,
2004, p. 8).
En síntesis, tanto la Iglesia como el Estado
se preocupan por el control de los cuerpos, y este es
implantado en la América hispana, pues, y de acuerdo
con Armas, se presenta como
Un discurso profundamente religioso, en
tanto la Iglesia había tenido un rol descollante
en su formulación, donde el sexo era visto
estrictamente como un vehículo para la
reproducción humana, y sobre el cual no podía
haber placer ni recreaciones. Por supuesto
era un sexo que sólo se concebía dentro del
matrimonio y por mecanismos sumamente
tradicionales. Así el sexo fuera del matrimonio
era condenado por las leyes de la Iglesia, como
también lo era el sexo dentro del matrimonio
hecho sin fines reproductivos y es más, no
efectuado de una manera “natural”. Ya el
Concilio Laterano IV había condenado la
sodomía como pecado reservado. Y también el
“nefando” (2001, p. 691).
Como se observa, el discurso que mantiene
la Iglesia católica acerca de la sexualidad, favorece
en todos sus ámbitos, principalmente, el relacionado
con el acto reproductivo. En consecuencia, rechaza
toda intención de hacer del sexo una actividad para
el placer y disfrute de quienes la practiquen. Este
discurso profundamente enraizado en la mentalidad
de sacerdotes, confesores y religiosos, en general, no
cupo hondo en la vida cotidiana de los individuos
y mucho menos se hizo eco en la dinámica de las
relaciones entre hombres y mujeres cuya realidad
muestra una situación diferente. A través de los
procesos de conquista, colonización y mestizaje en la
América hispánica la situación se va a presentar con
una serie de matices para la implantación de estas
ideas. Por otra parte, el colonialismo va a fortalecer
las jerarquías sociales, así como las relaciones entre
hombres y mujeres, por ejemplo, estas últimas van

35

�a ser consideradas débiles pero al mismo tiempo
peligrosas. A partir de esto, se establecieron relaciones
principalmente verticales sobre los indígenas y los
esclavos, lo que también marcó las relaciones entre los
géneros y la identidad femenina. Así, “las relaciones
entre hombres y mujeres se tiñeron de los rasgos
propios de las relaciones sociales predominantes,
generándose así una particular forma de jerarquización
entre los géneros” (Mannarelli, 2004, p. 65).
En principio, la sexualidad de todos estaba
regulada; sin embargo, este control tuvo matices en
la aplicación para hombres y mujeres, pues se hace
evidente la “complementariedad y [la] asimetría
entre los sexos” (Choza, 1991, p. 74). La sexualidad
femenina estaba más controlada; tanto que en el
siglo XVII apareció una serie de manuales de buen
comportamiento femenino. A esto se suma que
el honor recae en el comportamiento sexual de las
mujeres. La honra femenina se sostiene, por ejemplo,
“en el recogimiento de las mujeres, en su virtud y
modestia sexual; en su virginidad en el caso de ser
solteras, en su fidelidad en el caso de ser casadas. Es
decir, en la forma en que ellos se comportaban frente a
los hombres” (Mannarelli, 2004, p. 148). De este modo,
la pérdida del honor “excluía a una familia de los
privilegios de su grupo, razón por la cual toda afrenta
al honor familiar era vivida con especial dramatismo
psicológico y social, obligando a que las familias y la
comunidad cuidaran celosamente de conservar su
orden sexual” (Rodríguez, 2006, p. 188).
De ahí que existan actitudes –sutiles y tenaces–
frente al control de sexualidad, como “las coplas y los
versos cantados. En las fiestas familiares y municipales
era habitual que improvisados copleros acompañados
del tañer de guitarras, hicieran versos satíricos sobre los
asistentes o, incluso, sobre las autoridades” (Rodríguez,
2006, p. 192). En consecuencia, a nivel discursivo, el
sexo placentero, extramatrimonial, contra natura,
sin concepción era un pecado. No obstante, siempre
existen “espacios posibles de flexibilización” (Armas,
2001, p. 699), pues, ya en la práctica, los espacios
públicos como los privados no fueron completamente
posibles de controlar, y esto se hace evidente en
“el cúmulo de adulterios, amancebamientos, hijos
ilegítimos, sacerdotes solicitantes, y mujeres que no se
dejaban extorsionar por las normas sociales (desde las
de bajos estratos sociales hasta las de alta sociedad)
nos dan prueba de ello” (Armas, 2001, p. 699).

36

1.
Las historias personales confesadas a través de
los testamentos
Según el Tesoro de la lengua castellana (1611),
el testamento “es el testimonio de nuestra última
voluntad. Se confirma con la muerte del testador”
(Covarrubias Orozco, 1611, p.43). Esta confirmación
estaba a cargo del escribano, que no se limitaba
solamente a la redacción del manuscrito, pues una
vez que ha muerto el otorgante, debía dirigirse a su
casa y comprobarlo, para ello se acercaba al cuerpo y
llamaba tres veces al difunto, Ariès (1999) se refiere a
esta situación como la conclamatio.
Por otro lado, los testamentos son documentos
notariales de carácter legal, regidos por unas leyes,
por medio de los cuales los sujetos reconocían hijos,
pagaban y cobraban deudas, legaban sus bienes, pero
sobre todo se preocupaban por su alma. Sin embargo,
si bien “poner el alma en carrera de salvación” se ubica
como uno de los elementos primordiales a la hora de
hacerlos redactar, es necesario señalar que, en los
primeros años de la Colonia, “un testamento indígena
llevaba consigo un contenido vernáculo, ajeno a unos
propósito, forma y significado cristianos, todavía poco
y mal asimilados” (Caillavet, 2008, p. 62). Es decir, se
han encontrado testamentos en donde los otorgantes
no mencionan su alma ni se preocupan por el destino
de su cuerpo. Esta distancia de la praxis religiosa
católica también se hace evidente en el número (tres)
de misas, las cuales al ser consideradas el pasaporte
al cielo eran solicitadas en el mayor número posible
de conformidad con la condición económica de los
otorgantes.
En los testamentos (ver tabla no1) se puede
analizar una cantidad de situaciones personales como
sociales, por ejemplo: origen geográfico, edad, origen
familiar, estado de salud, religiosidad, funerales y
entierros, estado civil, descendencia, ascendencia,
bienes materiales, relaciones sociales, papel del
albacea y testigos (Arteaga, 2017). Sin embargo, el
presente estudio a través del método histórico con
la observación documental de 4 testamentos de
mujeres mestizas, busca conocer cómo se construyó
la sexualidad y la corporalidad femenina del siglo
XVII en Cuenca. Todo esto desde la perspectiva de
la historia de la vida cotidiana, que de acuerdo con
Gonzalbo (2009), permite un acercamiento a diversos
temas y objetos de estudios de forma inagotable,
y con la posibilidad de enfocarla desde distintas
perspectivas.

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ISSN: 1390-9029

Tabla 1
Las testadoras
Fecha

Testadora

Origen geográfico,
étnico y estado civil

17 de enero Ana Muñoz
de 1604

Padres

Descendientes

hija natural de Alonso Mu- establesco por mi heredero universal
ñoz y de Leonor yndia de de todos mis bienes derechos y acCuenca del Pirú
ciones al dicho conbento de monjas
de Nuestra Señora de la Limpia Concepçión

12 de junio Joana de Pa- natural de Cuenca hija natural de Doña Juana Dr. Sebastián de Mora y Contreras,
de 1691
rada
de la parroquia de Tenemasa, difunta
hijo natural; Clara Volantes, nieta
San Blas, soltera
natural
1676

María Núñez mestiza en habito hija natural de Mayora Francisco Basques de Espinosa, Luis
de india
Mochug, india natural del Basques de Espinosa, Jerónima Gerpueblo de Azogues
trudis de Espinosa, Petrona Basques
Espinosa, hijos naturales, y Petrona
Coronel de Mora, nieta natural

09 de enero Catalina Or- mestiza en habito
de 1678
tiz
de india

Si bien los testamentos son otorgados por
hombres y mujeres, este artículo se concentra en las
segundas, dado que en la época colonial, las mujeres
para llevar acciones (compras, fianzas, donaciones,
etc.) frente a un notario requerían de la licencia
del marido o del padre. No obstante, la realización
de un testamento está eximida de ese permiso.
De esto modo, las mujeres de “libre y espontánea
voluntad” en estos manuscritos se presentan con
independencia económica para administrar sus
bienes según las leyes y capacidad jurídica para tomar
decisiones (reconocimiento de hijos, otorgamiento
de donaciones, disposiciones sobre sus funerales y
entierros, etc.). Lo anteriormente señalado quiebra
la visión de las mujeres únicamente en posición de
inferioridad frente a los hombres. Si bien a nivel legal
y de costumbre, las mujeres por la “imbecilidad de su
sexo” son consideradas menores de edad, la redacción
del testamento les permite un margen de acción desde
sus ámbitos más privados hasta los espacios públicos.
De los documentos analizados se constata
cómo a pesar de su aparente “debilidad innata” tanto

Tomas Culis, sobrino

en lo físico como en el carácter (Lavrin, 1990), ellas
manifestaron autonomía y agencia en la administración
de sus bienes y de sus espacios cotidianos. Asimismo,
construyeron una perspectiva acerca de su propia
sexualidad y corporalidad, lograron expresar cómo
querían que fueran concebidas y conocidas por
escribanos, familia, allegados y vecinos.
Los testamentos, durante el siglo XVII en la
ciudad de Cuenca, son un claro ejemplo en el que las
vidas se manifiestan y evocan todo tipo de recuerdos.
Estos documentos debían cumplir con una serie
de cláusulas para ser considerados legítimos y con
validez legal, de ahí que sus suscritores, para hacer un
testamento nuncupativo, se dirigían donde hallarían
a un escribano que era “aquel funcionario público
autorizado para dar fe de los contratos, testamentos y
otros autos extrajudiciales” (Hidalgo, 1994, p. 307). Es
así que exponían sus vidas “privadas e íntimas” ante
notarios y escribanos.
Por otra parte, la presencia real o virtual de
la muerte impulsaba un cambio en la importancia de
los bienes, ya que las posesiones materiales debían

37

�ponerse al servicio de los bienes eternos es decir “los
bienes temporales eran rehabilitados y se obtenía la
seguridad de los bienes eternos, gracias al espacio
dado a los legados y obras pías” (Rojas, 2005, p.191).
A esto se suma que la Contrarreforma, como respuesta
a los postulados de Martín Lutero, puso más énfasis
en el acto legal como en el “pseudosacramental” de la
redacción, consecuentemente, se “convirtió en objeto
pastoral la preparación para la muerte durante toda la
vida, durante la salud y no solo cuando la enfermedad
recordaba palpablemente la brevedad y la fragilidad
de la vida material y de la vida eterna ante el pecado”
(Rojas, 2005, p. 192). He ahí la importancia de
prepararse para redactar el testamento y hacerlo en el
momento indicado. Así, Baltasar Bosch de Centallas
y Cardona, clérigo seglar, ministro de los enfermos,
recomendaba:
Pero hago juicio de que es mucho mejor hacer
el testamento al principio de la enfermedad,
y aun tenerlo hecho en sana salud, o cuando
al principio de la enfermedad aún están
despiertos los sentidos, y no entorpecidas las
potencias. Mejor tratara cualquiera de lo que
conduce a su salvación; y al contrario sucede
cuando se agrava la enfermedad, de que nacen
muchos inconvenientes; olvídanse algunas
veces deudas y restituciones; resultan pleitos
entre los mismos parientes y deudos; hácenles
muchos testamentos nulos, interpretándose
la última voluntad del testador con sentido
siniestro (1866 [1759] , p. 21).
El hecho de hacer hincapié en la correcta
redacción del testamento tiene como base los
problemas en los cuales se ven involucrados los deudos
tras la muerte del testador. Una forma incorrecta
de elaborar el testamento implica disputas entre
los posibles herederos, además que no se pagarían,
por ejemplo, las deudas de los otorgantes. En este
contexto, la redacción del testamento lleva a pensar en
una situación de vulnerabilidad, pues, al momento de
inscribirlo y pese a las recomendaciones, las personas,
generalmente, se encuentran enfermas, tres de las
cinco mujeres de este estudio lo están. Sin embargo,
el juicio de quien dispone de su “última y postrera
voluntad” no ha sido afectado; así, en el testamento de
Ana Muñoz se lee:

38

Estando como estoy en mi libre juizio
entendimiento memoria y boluntad tal qual
Dios fue serbido deme dar y con toda santidad
temiéndome de la muerte que es cossa natural
a toda criatura y deseando mi salvación y estar
aparejada para quando Dios fuere seruido
deme llevar hago y hordeno mi testamento en
la forma y manera siguiente.
Como se puede observar la muerte, como
“cosa natural a toda criatura”, es temida. A esto hay que
sumar que la Contrarreforma con el fin de destruir los
postulados reformistas y reafirmar los suyos enfatizó
en acercar a las personas a Dios a través del miedo. La
Iglesia se encargó de inculcar temor por todo aquello
que estuviera vinculado con el pecado y condujera al
infierno (Burbano, 2006). De ahí que al momento de
la redacción del testamento, se haga una reevaluación
de la existencia a todo nivel: personal, familiar, social,
material, económico, religioso. Dicho de otro modo,
redactar el testamento supone volver a un pasado –
cercano o lejano–, de ahí que el acto testamentario
se vincule estrechamente con una confesión de tipo
civil. En este sentido, la confesión que se efectúa en los
testamentos posibilita la “la liberación de secretos y
sentimientos que el testador ha ocultado durante toda
su vida” (Bribiesca y Flores, 2011, p. 58).
Para esta liberación, según Aude Argouse, se
parte de la idea de que en los testamentos existe “una
voluntad de decir y la memoria de haber dicho”, de
ahí que “la palabra escrita en el registro público del
escribano es una garantía de la existencia de una
voluntad, elemento que es esencial en derecho” (2012,
p. 216). En otras palabras, al realizar esta confesión
“Se refresca la memoria”, como declara María Núñez,
sobre todo de aquello que se calló, que se ocultó o
que no se dijo de una manera frontal, tiene que ser
declarado/confesado frente al escribano, los familiares
y los testigos. En este sentido, Ivernizzi señala que
para el “bien morir” se construyen:
Imágenes de vidas “enderezadas” que se
proyectan como modelos de “bien vivir”, es
decir, de un vivir ajustado al orden y estado
que Dios determinó desde la creación y que
las “dos espadas”, o sea, el poder espiritual y el
temporal, deben mantener en el mundo (2002,
p. 23).

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A partir del XVI y la Contrarreforma, la
confesión se presenta como una “práctica opresora
y hostil” (Gruzinski, 1989, p. 105), al constituirse en
una estrategia de la Iglesia novohispana para ejercer
su control sobre el comportamiento de los individuos.
Según Grusinski: “Sería un error reducir la confesión
al análisis crítico del comportamiento del sujeto.
Su intención es penetrar en el pensamiento y en las
experiencias más íntimas y subjetivas, con especial
predilección por las fantasías sexuales” (1989, p. 111).
Esto implicó que a través de este mecanismo la Iglesia
encontrara el instrumento ideal para que ejerciera
su poder en el marco de la dominación colonial.
En este contexto, la confesión religiosa, por medio
de la introspección, es la única vía para exponer y
arrepentirse de los pecados –capitales y veniales–
cometidos. Como se advierte, lo que ocurrió en el
territorio mexicano, se extiende al virreinato del Perú.
Lavrin sobre los confesionarios y las teologías
morales señala que “se volvieron una guía para la
exploración del terreno del alma, pues estudiaban todas
las posibles debilidades de la humanidad, sondeaban
todos los rincones de la mente y descubrían todas las
fuentes oscuras de la vergüenza humana” (1989, p.
21). A esto se suma, que hubo un énfasis, por parte de
los confesores, en cuanto al nivel de detalle con el que
debían ser narrados los pecados de carácter sexual,
incluso aquellos que solo se habían manifestado en
el pensamiento o en los sueños. En la visión moralsexual de la época, la línea divisoria entre la práctica y
el deseo, es porosa en cuanto a la relevancia y el sentido
como actos pecaminosos. En consecuencia, los sujetos
de esta época debían confesarse normalmente por la
vía religiosa y la civil para el sosiego y descanso eterno
de su alma.
De manera que el acto de testar se experimenta
aquí más como un memento mori que como una
experiencia radical de la conciencia ante la posibilidad
de su paso al “más allá” con la “muerte imaginada”
que hace que cada otorgante se represente su propia
muerte. “En este sentido, el testamento por viaje
exhibe menos un examen desgarrado de la conciencia
que una conciencia en el acto de “disponer el mundo”
y dispuesta para el mundo” (Martínez, 2014, p.
189). Parecería que este mismo deseo de contarlo/
confesarlo “todo”, hace que las testadores entren en
detalles tan íntimos de su vida. De este modo, ellas

cuentan que son hijas naturales o legítimas, los hijos
naturales o legítimos que han tenido, la veces que se
han casado, los bienes que han adquirido, las afectos a
los familiares o allegados, etc.
3. Cuerpo y sexualidad: cuatro mujeres en Cuenca
como sujetos de derecho
Desde la historia de las mujeres y los estudios
de género, el cuerpo ha sido reescrito, visibilizado y
abierto –en contraposición a lo cerrado como claustro
retórica y literalmente–, dado que “los cuerpos de las
mujeres han constituido los principales objetivos –
lugares privilegiados- para el despliegue de las técnicas
de poder y las relaciones de poder” (Federichi, 2010, p.
27). En este sentido, se habla incluso, y de acuerdo con
la propuesta de Van Deusen, que “Las epistemologías
femeninas se basan más en lo experimentado a través
de sus cuerpos” (Como se citó en Mejías, s/a, p. 9).
Por lo que cabe preguntarse: ¿Cómo se construye la
corporalidad y la sexualidad de las mujeres en Cuenca
en el siglo XVII?
En primer lugar, las mujeres con su
reconocimiento de “sui iuris” se reafirman como
sujeto de derecho con “personalidad jurídica plena”
(Condes, 2002, p. 17). Si bien en la América hispánica,
las féminas siempre debían estar respaldadas por un
tutelaje del padre, tutor o marido, el otorgamiento
de un testamento, como se señaló, presenta sus
particularidades dado que este
era uno de los raros documentos notariales
que las mujeres podían ejecutar sin necesidad
de contar con la autorización del marido en el
caso de las mujeres casadas, o del padre para las
solteras, puesto que las mayores de veinticinco
años gozaban de plena capacidad jurídica, y
eran consideradas capacitadas a partir de los
doce años para otorgar testamentos (Iglesias
Saldaña, 2000, p. 178).
En segundo lugar, el cuerpo se construye
contradictoriamente a través de la enfermedad.
Las cuatro testadoras de este estudio declaran estar
“enfermas y en cama”, pero no es el cuerpo enfermo
el que nos interesa sino el cuerpo en “juicio” que
permite que ejerzan su derecho a confesar sus historias

39

�personales a través del testamento. Sus cuerpos
enfermos, y más tarde sepultados, son el testimonio
de su existencia. Por otro lado, el cuerpo, también,
se construye a través del vestido. Resulta interesante
en esta construcción, la autodesignación de estas
mujeres, pues tanto Catalina Ortiz (1678) como María
Núñez (1676) se presentan como “mestiza en hábito
de india”. Esto nos da cuenta de la performatividad
del vestido, pero, al mismo tiempo, de las porosidades
en la construcción de identidades. Finalmente, partir
de los bienes que inventarían, se pueden conocer sus
gustos, ideas de confort y preferencias, por ejemplo,
Catalina Ortiz posee:
Más medio anaco y lliglla de chamelote negro
de mi uso. Más otra lliglla y anaco de ormesí
celeste con su guarnición de servillaneta
de oro, de mi uso. Más otra pieza de medio
anaco y lliglla de chamalote frailesco con su
guarnición de punta negra de seda, de mi uso.
Más otra pieza de anaco y lliglla […] morado
de mi uso. Más una lliglla de bayeta negra de
castilla la qual la dejo de la dicha Casilda de
Rosas, mi madre. Más declaro por mis bienes
otra lliglla de bayeta morada de Castilla,
de mi uso. Más declaro por mis bienes una
pollera rosada de bayeta de Castilla con cinco
vueltas de servillaneta de hilo de plata y una
guarnición pequeña de punta de hijo de plata
de mi uso. Más otra pollera de estameña rosada
de la tierra con vueltas de cintas amarillas. Más
dos camisas de ruan y dos enaguas de ruan
de Castilla. Más otras dos camisas de ruan de
castilla usadas. Más un paño de cabeza bayeta
de Castilla echo sus puntas grandes, usado.
Más un pecho bordado con seda carmesí e hilo
de oro y lentejuela, usado. Más una gargantilla
de perlas finas mediana con doce hilos. Más
tres zarcillos de oro con sus pinjantes de perlas
finas, los dos pares con piedras coloradas y el
otro par con esmeraldas pequeñas que están
en empeño de la dicha doña Inés Fuentes de
Navia. Más un par de medias de seda de mujer
amarilla. Más un rosario de coral con sus
botonadura de hilo de plata y seda azul. Más
una lliglla de lana morada de la tierra prensada,
con su franja de servilleta de oro […]. Más

40

declaro por mis bienes dos almohadas de
ruan con sus fundas…igual una frazada de
Cajamarca igual un par de sábanas de lienzo
de la tierra igual una caja de madera, un espejo
mediano.
Como se puede observar sus bienes
declarados están vinculados con la construcción de
la corporalidad de las mujeres. Esto se debe a que,
por un lado, “el vestido no solo cumple la función de
cubrir el cuerpo para protegerlo del frío, el calor o
la suciedad, sino que a su vez proyecta en el exterior
una imagen de la persona” (Moreyra, 2012, p. 165).
Por otro lado, la vestimenta como un está relacionada
con la distinción social, el género, la profesión, etc.
Además, se presentan como objetos íntimos que
solo pueden ser legados a otra mujer, en este caso
concreto su madre. Además, en cada detalle vemos la
construcción de Catalina como mujer, sobre todo el
“espejo mediano” que inventaría. Ella se proyecta y se
refleja a través de sus bienes.
Por otro lado, el cuerpo está presente en sus
hijos legítimos, ilegítimos, vivos y muertos e incluso
en los nietos, de las testadoras. En este punto, y al
referirnos a la descendencia, nos ubicamos en un
punto álgido que muestra la tensión –resuelta a nivel
médico y teológico– sobre la sexualidad, el placer y el
deseo. Hablar de este último en la historia, en general,
se torna complejo. Si bien se dispone de reflexiones
médicas y religiosas, que lo prohíben más allá del
acto sexual como reproducción, en los documentos
notariales, concretamente los testamentos, no se
puede realmente tener una imagen clara sobre esta
inquietud.
A esto se suma que la mujer es presentaba
como un ser casi asexuado, en el sentido, en que no
necesitaba sentir placer para procrear, pues debía
cumplir con sus deberes como esposa y más tarde
como madre. Sin embargo, en Nueva Granada
el médico Méndez Nieto, quien en sus Discuros
medicinales (1607-1611) escribe lo siguiente:
Luego en la mañana […] aviendo el marido
oydo misa y encomendado el negoçio a
Dios nuestro Señor, a quien nynguna cosa es
impussible ny difícil de azer, juntarán cama
al cuarto del alva […] y, aviendo dormido

�Vol 10 (1), Enero-junio 2022
ISSN: 1390-9029

apartados y abstinentes tres o quatro días por
lo menos, y estando bien despiertos y hartos de
dormir, podrán al romper del alva començar a
jugar de las armas con destreza y a plazer, de
suerte que vengan anbos a concluir la partida
de un mismo tiempo y punto (Lux Martelo,
2006, p. 96).
Como observamos el placer no se encontraba
ausente en las relaciones sexuales, incluso era
recomendado por los médicos para desarrollar una
descendencia fuerte y vigorosa y para evitar problemas
de fertilidad, y que en caso de que se produjera la culpa
recaería en la mujer al considerarse ella y su cuerpo
como la mantenedora de la vida. Además, debido
a estos problemas ellas no podrían permanecer al
no poder dar una descendencia al hombre, así ellas
no serían las candidatas ideales para una relación
matrimonial. Los testamentos en tanto documento en
sí, manifiestan ese deseo de permanecer de las mujeres
y de hacer que su tarea a nivel reproductivo y sexual se
vea recompensada en una descendencia fructífera.
Por otra parte, si consideramos dos niveles en la
relaciones entre hombres y mujeres, la situación
cambia. Joana de Parada
declaro por mi hijo natural al doctor Sebastián
de Mora y Contreras presbítero ausente en la
tierra de arriba vivo según he tenido noticia
que habrá 26 años más o menos que estará
ausente y así mismo hijo natural de Manuel
de Cabrera habido siendo ambos solteros, y
asimismo declaro a mi nieta natural a Clara
Volantes hija natural de Mariana Volantes
difunta mi hija natural y de Luis Volantes […]
hago esta declaración para que conste en todo
el tiempo.
Si miramos su historia no desde una visión de
desdicha, sino más bien de una elección de tener dos
hijos naturales con diferentes hombres, podríamos
distinguir dos posibles formas de relacionarse: “el amor
marital y el amor prematrimonial o extramatrimonial.
Mientras que el primero atiende fundamentalmente a
los intereses socioeconómicos de la familia, es decir,
conseguir un matrimonio favorable o ventajoso, el
segundo atiende más a los deseos (sentimientos) o
el simple placer sexual.” (Hernández, 2015, p. 492).

Tanto el aspecto reproductivo como el aspecto del
placer se configuran en la corporalidad de las mujeres
y se constituyen en distintas formas igualmente
válidas para que las mujeres vean sus vidas realizadas.
El hecho de que Joana de Parada afirme y reconozca a
su progenie radica en esa necesidad de permanecer a
través de sus herederos.
Aquí, entramos en otro problema, la presencia
de juicios de mujeres contra hombres a quienes han
entregado su virginidad después de la promesa de
matrimonio, y por la falta de incumplimiento han
perdido su honor. Esto se explica desde un par de
perspectivas. La primera, según Twinan, que “no
era extraordinaria la entrega de la virginidad en
tales circunstancias, pues aparentemente la sociedad
toleraba (aunque no perdonaba) las relaciones
premaritales entre las parejas comprometidas.” (1989,
p. 137). La segunda, y de acuerdo a Lavrin, que
idealmente, se suponía que las mujeres debían
mostrarse firmes ante las proposiciones
masculinas durante el enamoramiento, si
deseaban cuidar su reputación para conservar
el honor y la virginidad. La sumisión o
debilidad ante los deseos del hombre podían
ser interpretadas como falta de virtud moral
(1989, p. 69).
Sin embargo, consideramos que Joana legitima
su decisión cuando señala no haber tenido impedimento
de ningún tipo, ya que “ambos [eran] solteros”. La sola
afirmación de no haber estado impedidos para casarse
ubica su sexualidad y la legitimidad de su hijo en la
frontera de lo tolerado socialmente. Además, “tanto del
derecho consuetudinario como la costumbre popular
establecían categorías intermedias, incluida la de hijos
naturales, o sea hijos nacidos de padres solteros que
sería automáticamente y totalmente legitimados por
un matrimonio subsiguiente” (Twinam, 2009, p. 52).
Para finalizar, queremos presentar a Ana
Muñoz quien es un ejemplo de la construcción sexual
y corporal desde lo religioso. Al final de sus días decide
convertirse en monja en Loja, pues sus intenciones
son:
Yten digo que por quanto yo tengo yntento con
el favor de Dios Nuestro señor de ser monja
profesa del monasterio de Nuestra señora de la
Concepçión de la çiudad de Loxa para donde

41

�estoy de camino y para conseguir lo suso
dicho e de entrar con la docte de los bienes que
alcansare que son los que al presente tengo.
Terminaría sus días, junto a la “negrita
María” que fue dejada por Juana de Amedano. Este
acompañamiento no es nada extraño pues “los
conventos y los hospitales también estaban plagadas
de servidoras negras. Muchas veces, sobre todo en
el caso de instituciones de encierro femenino, las
esclavas eran las que establecían el puente entre el
enclaustramiento y ‘el siglo’” (Mannarelli, 2004, pp.
91-92). En su testamento, se hace un énfasis en lo no
corporal, sus bienes serán destinados para su funeral
y para la dote del convento. De este modo, Ana “se
inserta en un protocolo de conductas, gestos, cierres,
aperturas, etc. para destruir su cuerpo (la carne)…
y construir uno angélico, digno de presentarse ante
Dios” (Mejías, 2004, p. 4). Su decisión de convertirse
en monja al final de los días le “permiten superar lo
carnal. La recompensa a tanto trabajo era ser santos,
angélicos, con cuerpos en “olor de santidad”; los
buenos olores de la santidad anuncian su triunfo
sobre la muerte: la corrupción del cuerpo” (Araya
Espinoza, 2004, p. 73).
A manera de cierre
Los cuerpos, el deseo y la sexualidad de las
mujeres en Cuenca en el siglo XVII se construye desde
varias perspectivas: la enfermedad sin desmedro del
buen juicio y memoria, la maternidad, los bienes que
son legados y la religiosidad. Todo ello converge a
través de la legalidad del testamento, por medio de la
confesión de lo más íntimo y privado, de los gustos,
de los amores y los fracasos. Los cuerpos que amaron,
dieron a luz o se entregaron a la devoción dejaron sus
huellas en las últimas voluntades y en las memorias
de las almas que se salvaron. La construcción de la
corporalidad de estas mujeres en los testamentos
implicó para ellas rememorar no solo sus actos
piadosos, sino volver a un pasado lejano en donde
habitan sus pecados. Allí en la etapa joven cuando
ellas eran solteras y tuvieron a sus hijos sin contraer
matrimonio, las obliga, en se presente tan cercano a la
muerte, a dejar por escrito sus yerros y deslices, pero
también sus triunfos y victorias. En el episodio final
de sus vidas buscaban la redención para ellas, sus hijos
y nietos, pero al mismo tiempo alcanzar la eternidad.

42

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              <text>Los testamentos son fuentes de indiscutible valor a la&#13;
hora de reconstruir la materialidad y la inmaterialidad&#13;
de una cultura. En ellos, se registra una serie creencias,&#13;
prácticas, concepciones/actitudes sobre la vida y la&#13;
muerte de quienes testan, así como su contexto social&#13;
y económico. Además, en el acto testamentario, tan&#13;
cercano a la muerte, se hace evidente la vida de quien&#13;
se “confiesa” frente al escribano. De ahí que estos&#13;
sujetos jurídicos, dadas las circunstancias y bajo el&#13;
ideal del cumplimiento del bien morir, en principio,&#13;
se preocupen más por la salvación de su alma, en&#13;
desmedro de su cuerpo por lo que cabe preguntarse,&#13;
por ejemplo, ¿cómo se construye la sexualidad y la&#13;
corporalidad femenina en el siglo XVII en el acto&#13;
testamentario? Para responder esta inquietud, se&#13;
considerarán cuatro testamentos de mujeres mestizas&#13;
fechados en el siglo XVII y se acude al método&#13;
histórico, desde la perspectiva de historia de la vida&#13;
cotidiana, que hace uso de este documento legal para&#13;
manifestar sus últimas voluntades&#13;
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          <description>An entity primarily responsible for making the resource</description>
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              <text>María Teresa Arteaga&#13;
Universidad de Cuenca, Ecuador&#13;
maria.arteagaa@ucuenca.edu.ec&#13;
&#13;
Julio Suárez Suárez&#13;
Universidad de Cuenca, Ecuador&#13;
julio.suarez@ucuenca.edu.ec</text>
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          <name>Source</name>
          <description>A related resource from which the described resource is derived</description>
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              <text>Privada</text>
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          <description>An entity responsible for making contributions to the resource</description>
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              <text>Derechos de Autor vigentes</text>
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