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                  <text>Todas y todos somos
afrodescendientes en Cuenca
(Nuestra historia olvidada)
Diego Arteaga

�Edición: 2018
Portada:
Vallaranos, J. El Cholo y el Perú. Perú mixto. Buenos Aires:
Imprenta López. 1962

�Introducción
Al investigarse la época colonial de América Andina han sido,
de forma tradicional, los estudios sobre los “blancos” los que
han predominado, mostrándosenos como los únicos actores
de la historia en detrimento de otros grupos étnicos. Así
tenemos, por ejemplo, que los indios solamente desde hace
unas cinco décadas, van siendo considerados como gentes que
deben ser estudiadas, en cuanto a su historia, dentro de los
postulados que propone la Etnohistoria, esto es, una visión
desde su perspectiva aborigen.
Si los estudios respecto a los indios han sido escasos,
lo son aún más los que están en relación con los negros y la
esclavitud.
Para el caso del Ecuador, Moreno (1992: 83-84) nos
presenta una reseña de los trabajos realizados al respecto. En
ella este antropólogo incluye no sólo aquellos que se refieren
a la época colonial, sino también estudios que muestran
interés por las comunidades afro-ecuatorianas de la
actualidad, históricas y culturalmente definidas, como es el
caso de aquellas localizadas en el valle del Chota o en
Esmeraldas.
El renovado interés por los individuos del grupo racial
negro mostrado en Ecuador no es una situación aislada; en
efecto, un proyecto patrocinado por la UNESCO
1|P á g i n a

�denominado “La ruta del esclavo” señala, que más allá del
estudio histórico de la trata del negro, lo que se busca es su
análisis y revelar sus consecuencias.
*
Para poder materializar nuestro interés por el estudio
de este grupo racial clave en la conformación étnica de la
ciudad de Cuenca, tenemos la suerte de contar con algunos
archivos en donde reposan las fuentes primarias. En efecto,
está el Archivo Histórico Municipal, el Archivo Nacional de
Historia y el de la Curia de la Arquidiócesis de Cuenca.
En el primero existen papeles desde el año 1557 en
los que se incluye el acta de fundación española de la urbe
cuencana además de las instrucciones para su ejecución. En
este sentido Cuenca es de las pocas ciudades en América
latina que cuenta con su acta de fundación original. En el
segundo caso este repositorio tiene papeles que nos cuentan
respecto a su actividad eclesiásticas, por ejemplo, tiene
partidas de bautismo, partidas de matrimonio, partidas de
defunción, en el tercer caso, este archivo custodia los registros
notariales más antiguos de Ecuador ya que parten de 1563.
Entre estos documentos han quedado los protocolos de
compraventa de inmuebles, compraventa de ganado mayor y
menor, asientos para aprender oficios, testamentos de todo el
espectro social, poderes generales o específicos; entre ellos
2|P á g i n a

�también están los que tiene que ver con los esclavos y el
mundo de la esclavitud.
Al disponer de estos innumerables documentos
Cuenca puede ser vista como una urbe inmersa en lo que
denominamos globalización de los siglos XVI y XVII. Ya
que a través de ellos nos enteramos, por ejemplo, de qué
ciudades de la China provenía la porcelana que se
comercializaba en esta urbe, de las sedas y tafetanes
elaboradas en este mismo país, de las sedas y agujas hechas en
México, de herramientas para labranza fabricadas en Costa
Rica, de escritorios pintados confeccionados en Alemania, de
figurillas de marfil trabajadas en China, de perfumes
provenientes de España, de especias que venían desde Europa,
de libros impresos en España o en México y de esclavos
criollos oriundos de Portugal, España y São Tomé o de los
bozales nativos de varias “naciones” de África.
En este sentido, de lo que conocemos hasta el
momento, respecto a las investigaciones científicas, la raza
humana se origina en África, de ahí que todos seamos
afrodescendientes. Esta expresión, por lo tanto, también es
válida en Cuenca, razón por la que nos hayamos interesado
desde hace algún tiempo en el estudio de la historia del grupo
racial negro y sus diferentes categorías de mestizaje biológico
en las que ha estado participando.
*
3|P á g i n a

�Las vidas de las gentes de la moderna ciudad ecuatoriana
de Cuenca tienen vieja data, que se remonta a unos 7.000
años. Pasan por diferentes etapas de evolución social,
económica y tecnológica hasta el nivel conocido como
jefatura representada por los cañaris, que hacia 1460, tras una
relativa resistencia, pasan a integrar el imperio inca. Los
europeos llegan a la urbe inca de Tomebamba por 1533, y lo
hacen junto con el negro. Estos tres grupos raciales, así como
sus diferentes categorías de mestizaje biológico van
constituyendo la población que la dan origen en 1557.
La sociedad colonial de las Indias es organizada en forma
asimétrica desde la época misma de la conquista, en dos
repúblicas: la república de españoles y la república de indios.
Este ordenamiento se corresponde con el que existe en la
península: cristianos y moros de la época de la reconquista,
sucesora de aquella de cristianos y paganos, del medioevo
europeo. Para los mestizos y las categorías de mestizaje y
negros libres o esclavos es otra la situación que tienen que
afrontar las autoridades metropolitanas.
Cuenca es creada según el modelo del cuadriculado. En el
centro de la traza, los núcleos de poder político y religioso,
en los alrededores, las residencias de los blancos (sobre todo
españoles, algunos portugueses e italianos) y sus esclavos;
fuera de ella, los nativos. Pero en la práctica, predomina la
convivencia racial, que va definiendo algunos barrios desde
mediados del siglo XVII y que determinarían su periferia.
4|P á g i n a

�Estos lugares se convierten en sitios de población
mayoritariamente mestiza a finales del XVIII y que en la
república se vuelven en populares, condición que han
mantenido hasta la actualidad, constituyendo parte de los
límites geográficos de su Centro Histórico.
Desde 1560 hasta la segunda mitad del siglo XVII es un
centro de actividad minera en la audiencia quiteña; luego su
economía queda sustentada por la labor agroganadera y
artesanal que la mantienen como su segunda ciudad durante
casi toda la época colonial, es decir hasta 1822, atrás
únicamente de su capital, Quito. A mediados del siglo XIX,
empieza a enrumbar sus destinos hacia otras actividades
como la agricultura a gran escala, intentonas mineras, y a los
textiles y, décadas más tarde, a la gran producción del
sombrero de paja toquilla, que la introduce en el mundo
comercial internacional; al respecto, por 1780, Manuel
Ignacio de Arenas señala: “[en Cuenca] han puesto fábrica de
sombreros que les da mucho útil y les ponen la insignia de un
emperador inca con el lema fortuna duce, comite fortuna.”. En
los siglos XX y XXI la caracterizan algunas actividades
industriales.

5|P á g i n a

�El mestizaje biológico y cultural en Cuenca: los negros y sus

categorías

La ciudad de Cuenca ha sido etiquetada como blancomestiza. En ella los componentes étnicos que la dan origen
son solo indios y blancos. Sin embargo, la urbe cabe
perfectamente dentro de las andinas en donde se mantiene la
expresión de “quien no tiene de inga tiene de mandinga” en
clara alusión a la presencia de los tres grupos raciales: el negro
proveniente de África, el indio “nativo” de América y el
blanco que llega de Europa. Según Ares Queija, a esta frase
habría que añadir “…y muchos tienen a la vez un tanto de
Inga y un tanto de Mandinga…” (1990: 75).
Estos grupos se mezclan biológicamente entre sí como
parte de un proceso espectacular como no se ha producido
en ninguna otra parte del planeta. Sus mixturas son
designadas con sus nombres. Al resultado del cruce de blanco
con indio se denomina mestizo; al de blanco con negro,
mulato; al de indio con negro, zambo. Sin embargo, pronto
se dan uniones entre las diferentes categorías y entre éstas y
los grupos originarios que asimismo adquieren su propio
nombre.
Según Pitt-Rivers (1992:148) en el México colonial estas
categorías llegan a 53, pero según Alvar a más de 82 (Zúñiga;
1990:106). Van desde aquellas como mestizo (mezcla de
blanco con india), zambo (mixtura de negro con india)
6|P á g i n a

�pasando por otras como el mestindio que resulta de la
contracción de las palabras mestizo e india, sus progenitores,
hasta aquellos que, con seguridad, tienen que ver con criterios
locales sobre este proceso, como el tresalbo (mezcla de indio
con mestiza) y el coyote, resultado de iguales progenitores;
hasta otros que sólo son anotados sin que se mencione los
grupos que intervienen en el cruce: hablamos de lunajero,
mesquimixto, rayado.
En el virreinato peruano estas categorías se dan en un
número mucho menor. Así, el mestizo Garcilaso de la Vega
señala a comienzos del siglo XVII para su terruño, Perú,
cholo, mestizo, mulato, cuatralbo y tresalbo. Obviamente las
categorías presentes en este país son unas cuantas más, como
se verá más adelante.
En la audiencia de Quito se tiene algunas de estas clases,
que no llegan a la docena. En efecto, están presentes unas
cuantas existentes tanto en México como en Perú, sumadas a
otras propias de la región como los cambayiyos (Orive
[1557] 1992:62). Cuenca no difiere en gran medida en el
número de estas categorías, a más de una local, conocida
como chazo.
Concomitante con este mestizaje se da el cultural pues el
convivir diario de los diferentes grupos y categorías permean
sus costumbres, unas más que otras, así van mezclándose
elementos culinarios, tradiciones, idioma, religión, vestuario
y muchos otros de la cultura material e inmaterial.
7|P á g i n a

�Las negras, los negros y las castas en la sociedad local
La presencia de negras y negros en lo que va a ser el
virreinato peruano se da desde las primeras incursiones
españolas al territorio. Según Bowser (1974:4), entre 1529 y
1537 la Corona española otorga Licencias para la
importación de negros para Francisco Pizarro, para los
funcionarios gubernamentales y los colonos. Más tarde,
América ve la introducción de negros con fines comerciales.
En el área de lo que más tarde es la audiencia quiteña,
el primer grupo importante de negros que arriba en 1534 lo
conduce el conquistador Pedro de Alvarado. Parte de ellos
terminan por quedarse en la zona. Otros como Sebastián
Moyano de Belalcázar también cuentan con ellos, pues parte
de su equipamiento son caballos, armas y esclavos, elementos
que les son útiles señalar anotando sus montos para obtener
beneficios de la Corona, luego de que ésta les reconoce su
contribución en la toma de nuevos territorios. No faltan
personas que al trasladar negros al Perú pensarían en la
existencia de minas.

8|P á g i n a

�Los Arobe
Negros aristócratas de Esmeraldas del siglo XVI

Los negros de Esmeraldas, según la tradición, tienen su origen en
el naufragio de un barco negrero que en 1553 navega entre
Panamá y Perú.
Éstos pronto se apoderan de estas tierras en perjuicio de los indios
lugareños. Su importante presencia llega a tal punto que el
mismísimo rey de España recibe como prueba de su trascendencia
para el imperio un cuadro que representa a Francisco Arobe y sus
dos hijos Pedro y Domingo. Ellos detentan el título aristócrata de
don al igual que la hidalguía de España y de la aborigen americana
y usan trajes de estilo europeo, pero con joyas del aborigen. La
obra es firmada por el pintor indígena quiteño Andrés Sánchez
Gallque en 1599. Son datos de excepción en la historia de
América.
Fig. 1

9|P á g i n a

�Todos estos móviles de conquista tampoco están lejos
de las mentes de los primeros españoles que pueblan el área
cañari. A manera de ejemplo señalamos el caso del
encomendero de Cañaribamba Diego de Sandoval, quien en
1539 señala en su Probanza de Méritos haber invertido “en
armas e caballos y esclavos” en servicio del Rey (Freile
Granizo; 1978:78).
Prácticamente nada más conocemos respecto de la
presencia del negro en la región cañari, hasta después de la
fundación de Cuenca. En efecto, se la va conociendo en
algunas de las actas de su municipio; sin embargo, no es sino
a partir de 1563 cuando se empieza a hacerlo de mejor
manera a través de los registros notariales, especialmente de
su compraventa.
Nuestra intención es estudiar una parte del período que
cubre la regencia de la Casa de los Habsburgo para España y
las Indias, que, en su rama española, se extiende desde 1516,
inicio del gobierno de Carlos I hasta 1700 fecha de la muerte
de Carlos II, a partir de la cual conducirá la Casa de Borbón.
Si bien la política habsbúrgica, respecto a la trata del negro se
prolonga hasta el año 1713, fecha en la cual se concede por
parte de Felipe V mediante el tratado de Utrecht el “derecho
de asiento” a los ingleses para que comercien negros en
América, hemos decidido restringir nuestro estudio hasta el
año 1699, debido a que la documentación de la Notaría III,

10 | P á g i n a

�incluye cartas que están comprendidas entre los años 1563 y
1700.
*

La administración colonial generó, a través de las notarías,
diversos tipos de documentos: cartas de poder, dote,
formación de compañías, compraventa de tierras, ganado,
esclavos, etc. Como es de esperar, la documentación más
numerosa está en relación con los “blancos”. En menor
número existe aquella respecto de los indios y es casi
inexistente la que hace referencia a los negros. Resulta así, de
mucho interés conocer la situación del negro y sus diferentes
mezclas biológicas en Cuenca.
Los trabajos realizados sobre el tema del esclavo en
diferentes sectores del área andina, se los ha llevado a cabo
tomando como base crónicas o estudios precedentes.
En nuestro caso, para el período que nos ocupa, no
contamos con esos apoyos razón por la cual las vidas de los
negros esclavos y libres, de las personas de las diferentes
categorías de mestizaje biológico sean criollos o bozales que
residen en Cuenca aún son poco conocidas.
Sabemos que algunas personas de esas épocas cuentan con
esclavos. El acaudalado español Antonio de Mora en 1603
posee cuatro: Isabel, zagal, y tres cuyas castas desconocemos:
11 | P á g i n a

�Francisco, Magdalena y su hija Dominga.1 Este ibérico señala
también: “…si María Congo que está al servicio de mi
hermana doña Constanza muriere antes que mi hermana, de
mis bienes se compre otra para su servicio…”. En 1638 el
presbítero Joseph Hernández tiene entre sus bienes a la negra
Fabiana con su hija Ana, esclavas que ha heredado de sus
padres. Éstas han sido entregadas al comisario Diego de la
Varga Villoslada en empeño por la suma de 500 pesos
“…con calidad de que no desempeñándola dentro de cierto
término habían de quedar vendidas en el dicho precio y el
término y mucho tiempo más es pasado y así doy en lo que
hubiere en lugar de Derecho que vendidas las dichas dos
esclavas para que el comisario como dueño disponga de ellas
a su voluntad…”.2 En 1622 doña Lucrecia de Castro de su
parte señala tiene entre sus bienes doce piezas de esclavos:
Joan, Francisca, Isabel, Pascuala, Úrsula, Claudia, Marta,
Bartola, Sebastián, Blas, Miguel, Juan y Gracián.3
Sabemos también que algunos habitantes de la urbe
desean contar con ellos. Por esta razón otorgan poderes para
su adquisición. En 1592 el vecino cuencano Alonso Solano
lo entrega a Alonso Pérez Truxillo para que le consiga una
esclava;4 Joan Marcos lo hace en 1595 a Alonso Ruiz de
1

Archivo Nacional de Historia, Sección del Azuay, Cuenca,
Libro 489 folios. 142-150.
2
Ibídem L 509 ff. 224.
3 Ibídem L 489 ff. 566.
4 Ibídem L 490 f. 170v.
12 | P á g i n a

�Cabrera para que compre en el Reino de Tierra Firme
(Panamá) una esclava que sea de una edad comprendida entre
12 y 15 años;5 el escribano local Luis de Campoverde lo hace
a Juan Martínez de la Calle para una esclava.6 En 1624
algunos vecinos locales también están involucrados en este
tema. Diego Guillén lo hace a Toribio de Veintimilla para
una esclava y un esclavo,7 Pedro de Campos a Gaspar de
Acosta para una esclava.8 En 1626 Joseph Ximenes,
descubridor y “Señor de Minas e Ingenio de Malal”, lo hace
al capitán Eugenio Dávila en el cual se pide que la adquisición
sea de algunos ejemplares hasta en un monto de 20.000
pesos, toda una fortuna;9 en 1631 doña María Hurtado lo da
a Manuel Coello para que obtenga mediante compra una
negra.10 En todos estos casos se desconoce dónde deben
conseguirlos.
En todo caso, el puerto y astillero de Guayaquil es
conocido como un lugar de provisión de estas piezas. En
Cuenca se confieren algunos poderes para que se los compre
en esa ciudad. La presencia de miembros del grupo racial
negro en este puerto y su reproducción es tal que en 1750 el
padre Recio señala “...vi [en Guayaquil] negros, mulatos,
5

Ibídem L 492 f. 73v.
Ibídem L 504 f. 114.
7 Ibídem L 504 f. 264.
8 Ibídem L 506 f. 50v.
9 Ibídem L 506 f. 529v.
10 Ibídem L 507 f. 663.
6

13 | P á g i n a

�zambos y aún indios más claros e inteligentes que todos los
precedentes [los observados en Panamá]” (1947:182); lo cual
nos revela la proporción que han alcanzado en relación con
los nativos.
En ocasiones se concede poder a algunas personas para
que busquen esclavos prófugos. Así, en 1629, doña María
Cueto, lo hace a Joan Pérez Pardo, estante en Cuenca y a
Marcos de Obrego, vecino de Guayaquil, para que busquen a
un negro suyo que está “...en las montañas de la ciudad de
Guayaquil...”;11 en 1637, el presbítero Joan de Bera, vecino
de Cuenca, entrega a Alonso Crespo Locano, vecino de
Cuenca “...para que busque en cualquier parte del distrito de
la Real Audiencia de Quito un esclavo...”;12 en 1659
Francisca de Bera, vecina de Cuenca lo da a su marido
Sebastián de Narbáez para que recobre en la villa de
Riobamba, un esclavo que se le ha huido;13 y en 1679 la
vecina cuencana doña Ángela de Ambulandi da al capitán
Joan Soares de Cores, también vecino de ella, para que
indague un negro suyo en la villa de San Miguel de Ibarra.14
En cambio, en 1608, Sebastián Diez Hidalgo y Andrés
Benites Cuenca, vecino y residente en Cuenca
respectivamente, de manera particular, buscarán al esclavo
huido que el primero comprara a Juan de Berresueta, amén de
11

Ibídem L 507 f. 242.
Ibídem L 530 f. 566.
13 Ibídem L 514 f. 746.
14 Ibídem L 523 f. 23.
12

14 | P á g i n a

�que tiene puesta una demanda en contra de éste.15 En
ocasiones se mantiene la expectativa de recuperar un esclavo
fugitivo a pesar de la distancia geográfica. En 1565, Damián
Gomes, vecino de Zamora, otorga Poder a Rodrigo
Rivadeneyra, a Diego García y a Francisco de Saldaña, para
que puedan recuperar un esclavo que se le ha fugado pero que
se encuentra preso en la ciudad de los Reyes16; en 1605,
Melchor de Peralta lo otorga al vecino quiteño Francisco
Ortiz de Mariaca aprovechando que se encuentra de paso por
Cuenca hacia Nueva España, para que recobre uno suyo
huido que dejó por tal en la ciudad de México;17 en 1639, el
presbítero vecino de Cuenca Joan de Bera mantiene la
esperanza de recuperar un esclavo suyo y otorga poder para
el efecto al licenciado Francisco Vázques de Espinoza, a pesar
de haber transcurrido de 8 a 10 años desde que se realizara la
fuga.18 En 1592, Domingo García, entrega un esclavo huido
al capitán Pedro Elromo de Velasco,19 seguramente en espera
de la recompensa señalada por la ley que, en este caso, es
proporcional al tiempo de ausencia del esclavo de la casa de
su amo (Recopilación 1947 Ley xxij).
La identificación de los grupos étnicos tanto criollos
como bozales no resulta fácil. Un ejemplo de estos últimos
15

Ibídem L 496 f. 696.
Ibídem L 487 f. 722v.
17 Ibídem L 495 f. 580.
18 Ibídem L 508 f. 935.
19 Ibídem L 490 f. 160v.
16

15 | P á g i n a

�es la inclusión de esclavos biafara (Biafra) en el grupo guinea.
Tardieu (1993:406) señala que el área de Guinea se extiende
desde Senegal hasta Sierra Leona; Bowser (1974:406), por su
parte, incluye a los biafara en el grupo Guinea-Bissau que
corresponde al área delimitada por Tardieu; mas, conocemos
que la situación geográfica del Golfo de Biafra está en
relación con Guinea Ecuatorial. ¿Debemos acaso incluir a los
biafara en el grupo de la Costa de São Tomé por su ubicación
al Este de Guinea Ecuatorial precisamente? Otras razas de
esclavos bozales presentes en Cuenca son: en 1563 Juan tierra
zolofo20 y Lorenzo tierra zolofo; en 1655 Marcos nación
balanta (región no identificada);21 en 1680 Marcos nación
arara;22 y en 1609 Pedro Caxas de Ayala entrega a Joan Brabo
una negra esclava señalando que “al parecer, es de nación
nalú”.23
A veces sabemos de algún asunto legal que tiene que ver
con esclavos. En efecto Alonso de Cabrera en su calidad de
tesorero por Su Majestad en Cuenca, sigue un pleito en 1565
contra Juan Fernández y Benito Polaino por la venta
fraudulenta de barcos, casas y negros que éstos le hicieran en
Panamá.24
20

Ibídem L 487 f. 165.
Ibídem L 514 f. 884.
22 Ibídem L 514 f. 615.
23 Ibídem L 498 f. 17).
24 Ibídem L 487 f. 625v.
21

16 | P á g i n a

�En materia de salud conocemos muy poco respecto de la
preocupación del propietario del esclavo. En 1612 Bartolomé
Gago señala que un negro esclavo, propiedad de Joan Juárez,
estuvo en el Hospital Real de Cuenca “...para que se curase,
el cual estuvo en esta casa el tiempo de quarenta días y se le
dio dietas y medicinas...”.25 En regiones como Brasil en donde
hay una gran presencia de esclavos debido al sistema agrícola
de plantación ha sido descartada la actitud de “beneficencia”
de sus propietarios. En Cuenca debido a que no es tan masiva
y con ello los gastos no son ingentes, es posible que hubiera
cierta conmiseración hacia éstos.
Esclavos y gentes libres se involucran en diferentes
actividades de la vida citadina. Su presencia en ella, al igual
que en España, está en su mayoría destinada al servicio
doméstico; pocos son los que realizan menesteres como las
artesanías. Un recuento breve de sus actividades nos muestra
algunas facetas de ellas. Así, conocemos que Diego, un negro
esclavo de Gonzalo de las Peñas, en 1564 funge de pregonero
público26 o en tareas relacionadas con la tenería27 o de
arrieros28 así como en actividades de ganadería29 o de
batanes30. Durante la época que gira en torno a 1600 la
25

Ibídem L 489 f. 393v).
Libro de Cabildos de Cuenca, p. 34.
27 ANH/SA L 487 f. lv.
28 Ibídem L 487 f. 530v.
29 Ibídem L 493 f. 165.
30 Ibídem L 493 f. 396.
26

17 | P á g i n a

�actividad minera requiere mano de obra esclava. En 1586 el
vecino cuencano Juan Sevillano solicita importar 600
esclavos para las minas de Zaruma, Zamora y Santiago de las
Montañas, ante la falta de mano de obra india (Powers Vieira
1994:79). Desconocemos si es que se hizo efectiva esta
solicitud. Al parecer no, pues en 1590 los vecinos de la villa
piden al Rey entre 500 y 600 negros para que las trabajen.
En Cuenca, el mayor número de esclavos que trabajan en una
mina lo tenemos en 1598 al reabrirse las que fueron
propiedad de Juan Rodríguez y Agustín de Castañeda,
contando con 24 varones y 12 mujeres.31 Unos cuantos
españoles como Cristóbal Barzallo de Quiroga, por el
contrario dejan que trabajen las minas los curicamayos, indios
especialistas en la extracción del oro utilizando a los negros
en otras actividades, como lo hace en 1597 Molleturo en un
ingenio de azúcar de su propiedad.32 Los individuos de raza
negra adaptados a climas cálidos los hacen idóneos para
comarcas como la de Yunguilla. El negro Francisco,
propiedad de Gil Ruiz de Tapia, en 1636 trabaja en estas
tierras sembradas con caña de azúcar.33 Sin poseer un oficio,
un negro propiedad del vecino de Cuenca Cristóbal Ruiz de
Cabrera, es cedido en 1637 a Diego Gonzáles, asimismo
vecino de ella, para que lo “lleve” en “su servicio”.34 Otras
actividades de los negros y sus categorías las tenemos en las
31

Ibídem L 493 f. 352v.
Ibídem L 493 f. 39.
33 Ibídem L 489 f. 619.
34 Ibídem L 530 f. 591v.
32

18 | P á g i n a

�de Joan de Ortega y de Antonio Zagal. En el primer caso, el
mulato quiteño en 1598 se obliga con Alonso Núñez de
Valdés para estar “…en un hato de vacas quel suso dicho
tiene en términos de Cuenca y domar potros y acudir a lo
demás que le fuere mandado para utilidad de la dicha
hacienda…” mientras tanto Núñez de Valdés ha de pagar 40
pesos de a 9 reales por el año de trabajo cada 6 meses la mitad
“…y le a de dar para su sustento seis fanegas de harina de
trigo y dos novillos…”. En 1604 se obliga con el vecino
lojano Pedro de Agurto “…para ir en servicio y compañía
[…] i estar en su casa un año o en donde el suso dicho me
mandare las mulas y machos que en el discurso del dicho año
pudiere y de darlas al cabo del dicho año las que así domare
mansas y domadas de caballerías…” por lo que éste le ha de
dar 150 patacones de a 8 “i de comer, cada seis meses”. En
el segundo, éste se concierta con Francisco Santos de Salas
para juntar sus novillos por el tiempo de un año por la suma
de 100 patacones de a ocho reales. Mientras dure el trato
Zagal “no a de pedir sustento ni otra cosa”. En ocasiones los
esclavos están presentes en actividades de minería. Así, en
1565, Ramírez Dávalos y Alonso Pérez de Aguilar establecen
una compañía para la explotación de aserrar madera. Esta
asociación incluye algunos negros esclavos (Arteaga;
2007:50-51). En cambio, en 1610 Alonso de Segura pide
que la negra de su propiedad llamada Ana “…esté en casa y
seruicio de Lorenzo Martin, mercader, para que tenga
cuidado de lleuar las candelas a la iglesia y poner las velas
sobre mi sepultura y después de passado el año se benda en
19 | P á g i n a

�pública subasta…”.35 Otras veces las actividades de estas
gentes están en roles poco comunes tal como es la situación
del negro Lorenzo oriundo de tierra zolofo quien, entre otras
cosas, es “…hechicero, come coca y habla con el diablo…”
(Arteaga; 2004:2).
Pocas son las ocasiones en donde se mencionan cualidades
buenas de los esclavos. Generalmente se lo hace al
concedérseles la libertad “...por haber servido con amor y
buena voluntad en todo lo que se le ha mandado...”. En este
sentido al final de sus días, en 1620, doña María de Mercado
pide que su esclava Marta, una mujer vieja “… la manden de
manera que se esté en casa […] sin que se enagene ni ella sea
maltratada en la servidumbre que hiciera…”.36 En un
documento de 1626, al margen del folio está escrito lo
siguiente: “venta de un infeliz esclavo”.37
Un esclavo no siempre logra beneficios para él al conocer
determinado oficio. En 1597 al establecerse una compañía
para constituir un ingenio entre Cristóbal Barzallo de
Quiroga y el maestro azucarero Francisco de Morales se
indica que en caso de que alguno de los esclavos propiedad
de éste aprendiese tal oficio, no recibirá paga alguna.38
35

Ibídem L 489 ff 349.
L 489 f. 486.
37 Ibídem L 500 f. 449.
38 Ibídem L 493 f. 39.
36Ibídem

20 | P á g i n a

�Con el argumento de inconformidad con los servicios del
esclavo mulato, en 1692 el padre Baltazar Pinto, Rector del
Colegio de la Compañía de Jesús de Cuenca, da poder al
maestro don Bernardino de Herrera para que lo venda, luego
de realizarse la aprobación por parte del padre “de Consulta”,
debido a que “...no le a sido útil al [Colegio] en servicio
personal ni industrial...”.39
Poco es lo que conocemos de la vida marital de los negros.
Toribio de Veintimilla en 1644 envía a una negra esclava de
su propiedad a las minas de Caçanga para que se reúna con
su marido.40 Otro negro esclavo casado que conocemos es
Pedro de tierra Biafara, que en 1597 es pertenencia de Joan
de Ortega.41

39

Ibídem L 527 f. 629v.
40 Ibídem L 509 f. 706.
41 41 Ibídem L 493 f. 149.
40

21 | P á g i n a

�Escenas de la vida diaria del siglo XVII en el virreinato peruano
en donde están presentes negros y algunas de sus categorías de
mestizaje biológico,
según Felipe Guamán Poma de Ayala.

Fig. 2

22 | P á g i n a

�El control de los esclavos está a cargo de sus propietarios
y de las autoridades civiles (Bowser 1974:147). Sus
infracciones, así como sus respectivas penas están
contempladas en la Ley (Recopilación 1947 Ley xxj). No
poseemos dato alguno respecto de su aplicación en Cuenca,
excepto su prisión.
No faltan esclavos involucrados en pleitos legales. Leonor
Ordóñez, viuda, vecina de Cuenca, da poder al capitán
Antonio Navarrete, vecino y familiar del Santo Oficio de la
ciudad de Guayaquil, para que pueda defender a sus esclavos
Diego y Gaspar en el pleito criminal que contra ellos se
sigue.42 En 1645, Mencia de Tapia, vecina de Cuenca lo
otorga a Alonso Sánchez Zurita, vecino de esta urbe, para
seguir causa criminal en contra del mulato Andrés, esclavo de
Diego de Mora, sobre la muerte de Clemente de Rocha,
hermano de la otorgante.43 En 1647 conocemos del esclavo
Andrés, recluido en el convento de San Agustín de Cuenca,
acusado de una muerte.44 En una situación menos grave se
encuentra el mulato conocido como el “yerno de Xeres”
acusado de robo de un caballo por el indio Joan Chupisulca,
yana del escribano de Cuenca Diego del Carpio.45

42

Ibídem L 493 f. 53v.
Ibídem L 511 f. 361.
44 Ibídem L 511 f. 65.
45 Ibídem L 489 f. 159
43

23 | P á g i n a

�Si bien sabemos que los esclavos residen en los hogares de
sus amos, también es de interés conocer en dónde lo hacían
los restantes miembros libres. En 1596 Antón Sánchez reside
en la traza de Cuenca junto a la iglesia matriz y al hogar del
hacendado español Gregorio Hernández.46 En 1625 Antonio
Zagal hace su vida en San Sebastián linde con el hogar de la
india Francisca Annile.47 En 1692 de Luis de Espinosa,
“color pardo”, sabemos que ha residido en el lindero de la
iglesia de San Blas. Los Zagal con la categoría de pardos
residen por generaciones y por algunas décadas en este sector
suburbano. En otros casos, tanto de negros como de las
demás categorías raciales resulta difícil señalar con exactitud
su lugar de residencia.
Resulta sumamente difícil poder señal la ropa que usarían
estos individuos. Apenas sabemos que en 1647 el mercader
portugués señala que la negra Jerónima le adeuda 9 reales
“sobre un faldellín colorado”.48 Diez años más tarde nos
ponemos al tanto que la mulata Inés de Cabera compra de los
bienes de la difunta india Joanna de Arévalo “…una liquilla
de bayeta negra de castilla, vieja, con ribetes de raso negro…”
en la suma de 2 patacones y 4 reales.

46

Ibídem L 491 ff. 733v.
Ibídem L 500 ff. 406.
48 Ibídem L 512 ff. 206.
47

24 | P á g i n a

�Respecto de los asuntos financieros de estos habitantes de
Cuenca apenas conocemos que en 1663 Mariana de Nivela
debe al pardo Diego López 4 patacones.49
Otra parte importante de su presencia es la que la realizan
ante el notario en la compraventa de inmuebles. A manera de
ejemplos señalamos que en 1634 los morenos Francisco
Idiano y su mujer María Angola así como la hija de estos Ana
Criolla, esclavos que fueron de Alonso de Campoverde
venden a Pedro Rodríguez Narbáez 20 cuadras de tierra
ubicadas en Sayausí, a orillas del río del Matadero en la suma
de 120 patacones;50 de su parte la mulata María Rodríguez
como hija legítima de Pedro de la Cruz e Isabel Rodríguez lo
hace a la india natural de Gualaceo un cuarto de solar “por
bajo desta ciudad” “de herencia de madre”: este bien lindera
por un lado con casa de Joan de Nivela, por otro con casa de
María Mano, por arriba con casa de Micaela Pérez, cerca en
medio “por todas partes”, y la dicha Inés Saniçela una casa
pajiza.
En otras ocasiones sabemos que Jerónimo Casco de
Niebla, color pardo, posee “unas casas de vivienda” fuera de
la traza citadina así como una estancia en Yanuncay.51

49

Ibídem L 515 ff. 854.
Ibídem L 510 ff. 598.
51 Ibídem L 520 ff. 111-113v.
50

25 | P á g i n a

�Otros sitios en donde asoman estas personas son los
registros parroquiales. Entre ellos se cuentas las partidas de
bautismo, confirmación y matrimonio.
Esta clase de fuentes, en Cuenca se inician en 1581. En
esta fecha tenemos el siguiente encabezado:
“En la ciudad de Cuenca en dos días del mes de
diciembre de mil seiscientos y diez y nueve años el
Reverendísimo Señor Maestro Don Fray Alonso de
Santillán Obispo de Quito del Consejo del Rey
Nuestro Señor etc. Habiendo venido a esta dicha
ciudad a visitarla en prosecución de la Visita General
que está haciendo de su Obispado Confirmó en la
Iglesia Mayor las personas españolas, indios y negros
que con sus padrinos son como sigue:
Juana mulata esclava de Álvaro Núñez su padrino
Pedro de Vargas.
Saudi esclava de Alonso Solano fue su padrino Tomas
Vásquez.
Todos los cuales dichos españoles e indios negros y
mulatos se confirmaron este dicho día del que doy fe.
María negra esclava de Alonso de Campoverde y Juan
negros, hijos de Francisco y María esclavos del dicho
fue padrino de ellos Juan del Carpio.
Pedro Moreno esclavo del alcalde Melchor de Peralta
fue su padrino Francisco negro.
26 | P á g i n a

�Pedro esclavo de Don Francisco padrino Francisco
Domínguez.
Gonzalo de Veintemilla esclavo de Antonio de
Veintemilla fue su padrino Pedro de la Cruz.
Miguel esclavo de Alonso Solano fue su padrino el
Padre Domínguez.
Todas las cuales dichas personas se confirmaron hoy
dicho día el que doy fe.”52
El siguiente registro (Fig. 3) se inicia en 1621 y termina
en 1700. Si bien este libro comprende a indios, españoles,
mestizos, negros, mulatos, morenos y “mestizos en ábito de
indios” únicamente consta de dos apartados: a: “bautizados
españoles” y b: “desde aquí se asientan negros y mulatos”; sin
embargo, en el primero se incluyen, como excepción, a
algunos indios.53
52

Archivo de la Curia de la Diócesis de Cuenca, Primer libro
de la Curia.
53 En general, estos documentos difieren en su presentación, por
ejemplo, de los de Lima, ciudad en la cual durante el siglo XVIII
se registran a las personas en dos series: españoles, por un lado,
y negros e indios, por otro; aunque en el curso de la centuria se
transfiere cada vez más y más las inscripciones de mestizos y
mulatos de la primera a la segunda (Mazet; 1976:55). En
Cuenca, por el contrario, ocurre que los mestizos están
comprendidos entre los españoles: a la sazón blancos y mestizos
son feligreses de la iglesia mayor (Juan &amp; Ulloa [1748]
1983:144); de su lado, los mulatos están incluidos en el segundo.
27 | P á g i n a

�En Lima, la expresión que el niño bautizado es de “padre no
conocido” se da entre las madres indias, mulatas y mestizas;
pero no entre las españolas. En Cuenca se ha encontrado que
esta situación afecta también a las blancas; a pesar de que en
la ciudad también se ha descubierto que algunas criaturas son
de “madre no conocida”, y sólo se tiene referencia del padre
y sus familiares, asunto que puede deberse a algo similar a lo
que ocurre en el ambiente rural de Acatzingo (Puebla,
México) en donde se usa esta estrategia para guardar la buena
honra e imagen de la madre ante la sociedad, cuando no es
casada (Calvo:1972).

28 | P á g i n a

�Partidas de bautismo de negros y mulatos en Cuenca (siglo XVII)

Fig. 3

29 | P á g i n a

�Para nuestro trabajo a manera de muestra se revisará
únicamente las partidas comprendidas entre 1621 y 1670.
En este lapso existen 2.059 partidas, entre las cuales, a su
vez, hemos podido encontrar que de las 29 madres mestizas
solo una descendiente mantiene esta categoría mientras que
la prole de las restantes (17 varones y 11 mujeres) no es
considerada dentro de este grupo, sin que tenga nada que ver
si es que son vástagos naturales o legítimos o si es que se
conoce únicamente a la madre.
Para el caso de los negros y diferentes categorías de
mestizaje su presencia en estos papeles es mínima. Los
matrimonios del siglo XVII apenas son señalados como
“cazados mulatos y negros”.
Resulta de suma dificultad poder asociar denominaciones
tales como: zamba, zambo, parda, pardo, morena, moreno,
mulata, mulato con lo fenotípico. Incluso porque en el caso
de moreno no está considerado dentro del cuadro de PittRivers y porque tampoco lo menciona Garcilaso de la Vega;
en todo caso, en la documentación colonial se la presenta
como una diferente de mulato y pardo, pero que pertenecería
al grupo de estas categorías ya que consta, por ejemplo, entre
los diferentes “colores” de los esclavos.

30 | P á g i n a

�Castas del Perú en el siglo XVIII

Fig. 4

31 | P á g i n a

�Cuadro de castas de México en el s. XVIII

Fig. 5

32 | P á g i n a

�Tonalidades de piel de las castas en Perú del siglo XVII con componentes
negros, según Martínez Compañón

De izquierda a derecha: “mulato”, “mulata”, “sambo”, “samba”
Fig. 6

Solo en el siglo XVIII se presentan los famosos cuadros
de castas. Ellos nos muestran las diferentes mezclas biológicas
y sus nombres e incluso las ocupaciones para cada una de
ellas, como en el caso de México (Fig. 4). Para Perú, también
existen estos cuadros en donde están presentes las mixturas y
sus designaciones (Fig. 3) así como las tonalidades de color
de piel de las categorías en donde está presente la “sangre
negra” (Fig. 5).

33 | P á g i n a

�En todo caso, más adelante cuando se aborde la
compraventa de esclavos se darán más detalles al respecto.
Compraventa de esclavos
El documento de compraventa de esclavos es el más
frecuente en Cuenca.
Trabajaremos un total de 297 cartas de compraventa, que
involucran a 381 esclavos vendidos, y aunque existen casos
de reventa, como se indicará en su lugar, no se ha restado del
conjunto.
Los cuadros que acompañan al estudio ofrecen los datos
de la compraventa, con la advertencia válida para todo el
trabajo de que no se ha discriminado ninguna carta, aunque
ésta no presente todas las características que están en los
cuadros.
El trato comercial del negro esclavo en Cuenca está
registrado apenas seis años luego de su fundación. Su
presencia pudo darse con la llegada de los españoles al
territorio cañari, pues sabemos que desde las primeras
incursiones españolas al territorio del dominio inca ya está
presente (Bowser 1974:4), siendo de gran utilidad en la
conquista y como elemento para su servicio personal.
También es oportuno señalar algunos aspectos
relacionados con la presencia de los esclavos en Cuenca, esto
es, la existencia de un considerable número de ellos, que
34 | P á g i n a

�siendo comercializados en la ciudad no han sido registrados
en las notarías, las compras efectuadas en otras ciudades,
aquellos introducidos mediante el contrabando y todos los
nacimientos ocurridos en la ciudad, entre otros.
1 - Origen geográfico
Resulta bastante aventurado trazar una “ruta de esclavos”
hacia Cuenca. Los datos señalados (Cuadros 1 y 2) muestran
sus lugares de origen de una manera general.
Cartagena de Indias, puerto ubicado al norte de
Suramérica, es el lugar de arribo de los barcos cargados de
esclavos originarios de África. Desde allí se los distribuye al
resto del continente, de manera especial a la costa
suramericana del Pacífico. El mercader Francisco Navarro
estante en Cuenca en 1637 señala que vende dos esclavos de
una partida comprada en Cartagena. La Audiencia de Panamá
también constituye un área idónea para su obtención. Los
barcos que zarpan desde ésta hacia Lima con esclavos tienen
un lugar de venta a mitad de camino en el puerto de
Guayaquil, que se convierte en un sitio importante de
abastecimiento para la audiencia de Quito. A partir de la
segunda mitad del siglo XVII, aunque en mínima cantidad,
proceden de Lima.

35 | P á g i n a

�-1– a Bozales
Se denominan bozales a los nacidos en África.
Áreas geográficas de origen de los esclavos bozales comercializados en
Cuenca

Fig. 7
36 | P á g i n a

�Hemos señalado las áreas de su procedencia (Cuadro 1).
La bantú es aquella que mayor número provee a Cuenca
(24,4%), especialmente de las etnias angola y congo. No
obstante, se debe tener presente que al señalar a un esclavo
como pieza de determinada casta no se puede tener la certeza
de que lo fuera. En ciertos casos se mantiene su denominación
como un indicativo para su valoración económica. Así
conocemos a Francisco Pascual, esclavo negro de Panamá,
casta bran (1609). En 1600, la “negrita” llamada doña
Francisca, nacida en Latacunga, conserva el gentilicio congo
de su madre; el esclavo Sebastián, siendo zambo -mezcla de
negro e indio- es vendido como congo. De su lado, Joan,
esclavo criollo de Quito, en 1609 lo es como bran.

37 | P á g i n a

�Al establecer la comparación entre los esclavos bozales
y criollos (Cuadro 3) observamos que algo más de la tercera
parte de ellos lo constituyen los primeros, que son utilizados
en la actividad minera y al declinar ésta habrían sido
utilizados en la actividad doméstica más bien como signo de
estatus económico y social de sus amos y en poco monto a la
actividad agrícola.

Cuadro 2
Origen geográfico de los esclavos criollos comercializados en Cuenca
Negros
H
M
1

España
Castilla
Écija
Sevilla
Mérida

1

Otros
H
M

1
1
1

1

Portugal

1
Évora

Audiencia de
S. Domingo
Audiencia
de Panamá
Audiencia
de

Mulatos
H M

1
2
6

Nicaragua

3

4

1
38 | P á g i n a

�Guatemala
Audiencia
de Bogotá

Audiencia
de Buenos
Aires
Audiencia
de Charcas
Audiencia
de Lima

Cali
Cartagena
Mazo
Trujillo
Nación
de los
Ríos
(¿Entrerríos?)

2
1
1
1

La Plata
Cusco
Piura
Trujillo

Audiencia
de Quito

1

1
1

2
1

1

1

Ambato
Cuenca
Zaruma
Chimbo
Guayaquil
Guayaquil
Hatún-Cañar
Jaén de
Bracamoros
Latacunga

1
26
6
4
4
1

23
2
2
6
6

24

9

3
3

1
1

12

10

6
6
1

1
2

39 | P á g i n a

�Loja
Pasto
Popayán
Puertoviejo
Quito
Riobamba
San Andrés
No
mencionan

2

1
1

1
9
1

2
1
8
1

2
2
1

22

4

2

1

1

1- b- Criollos
Este grupo (Cuadro 2; 64,30%) lo constituyen los
nacidos tanto en las Indias occidentales (54,34%) como en
España y Portugal (2,09 %). Conocemos, por ejemplo, en
1563 a Leonor y en 1565 a Juan, negros criollos de Castilla,
al negro criollo de Évora (Portugal) Antón Mozambique en
1603 y a Laureana, criolla de Sevilla, en 1634. Entre estos
esclavos se incluyen a los mulatos, esto es, hijo de español y
de negra, o viceversa. Los españoles están familiarizados con
ellos pues su presencia en su tierra está ya dada antes del
descubrimiento de América como signo de prestigio y motivo
de curiosidad (Bermeo de Crespo 1984:10), a tal punto que
en 1557 se legisla para ellos en el sentido de que deben pagar
tributo cuando obtienen la libertad.

40 | P á g i n a

�Los esclavos criollos originarios de Cuenca constituyen
cerca de la tercera parte de los comercializados.
Otras áreas de importancia en el tráfico de esclavos hacia
Cuenca son, de acuerdo a su monto, Zaruma y Loja. Estas
ciudades conforman, junto a Cuenca, un eje de comercio
importante alrededor de fines del siglo XVI y comienzos del
XVII (Caillavet 1984:36).
Ciertas denominaciones étnicas como las de Marcos
Basan, esclavo moreno (1668), Francisco de Granda, esclavo
pardo (1668) o la de Andrea, esclava “parda...algo blanca”
(1682) que las hemos agrupado bajo el título de “otros” no
siempre reflejan el resultado del mestizaje, más bien parece
ser la “apreciación” de pigmentación de la piel por parte del

41 | P á g i n a

�comprador o del vendedor, pues de acuerdo a la ley
(Solórzano y Pereira 1736 Lib. II Cap. XXX Núm. 36) los
morenos y pardos son hijos de negros y negras libres.
Cuadro 4
Relación hombres y mujeres/ conjunto de esclavos
Total

Hombres

Mujeres

No.

%

No.

%

No.

%

Negros

151

39,63

96

25,19

55

14 ,43

Mulatos

57

14,96

41

10,76

16

4,19

Otros

37

9,71

19

4,98

18

4,72

Total

145

64,30

156

63,67

89

36,32

56

41,17

145

38,05

Criollos

Bozales
136
Total

35,69

80

68,82

236

61,94

42 | P á g i n a

�Cuadro 5

Relación hombres-mujeres/grupo racial
Hombres

Mujeres

Total

No.

%

No.

%

No.

%

Criollos

96

39,18

55

22,44

151

61,63

Mulatos

41

16.73

16

6,53

57

23,26

Otros

19

7,75

18

7,34

37

15,10

Total

156

63,67

89

36,32

245

Bozales

80

58,82

56

41,17

136

43 | P á g i n a

�2 - Características
Sexo
En Cuenca (Cuadro 4) se evidencia una situación
generalizada en las regiones que disponen de esclavos, esto es,
existen menos mujeres. En todos los casos, la cifra de éstas
supera a lo establecido por las leyes españolas pues se debe
procurar por lo menos la tercera parte de presencia femenina
(Tardieu 1993:410). En dos grupos, negros y bozales, se dan
en una proporción algo inferior a dos hombres por cada
mujer; en el caso de los mulatos la proporción es algo inferior
a tres hombres por cada mujer. La presencia de la esclava
bozal es significativa ya que fue la que se constituyó en el
mayor objeto de venta (14,69%); resulta, por lo tanto, fácil
entender la reproducción de los esclavos en la urbe.
Edad
Uno de los aspectos básicos del esclavo a considerarse al
momento de su compra es la edad.
El cuadro 6, nos permite emitir algunas consideraciones.
El 55,11% de las transacciones incluye a individuos cuyas
edades están comprendidas entre los 16 y 40 años. Este lapso
lo podemos considerar como el más idóneo para la actividad
del ser humano desempeñando tareas de diversa índole; en la
mujer, es la edad de la fertilidad.
44 | P á g i n a

�La documentación no ofrece en el mayor número de
ocasiones edades exactas de los esclavos vendidos. Se usa con
frecuencia la expresión “más o menos”. En 1706 se registra
que una esclava casta poopó es una mulequa, es decir que
tiene entre de siete y diez años de edad. Se menciona con
cierta periodicidad la de los niños o de los adolescentes
(21,25%), lo que pone en evidencia que muchos de los
esclavos incluidos en esta cifra debieron haber nacido en el
hogar de los vendedores. A partir de los 40 años la
compraventa decrece a un 6,7%.
Signos y actividades
Entre los muchos oprobios que sufren los esclavos
están los estigmas con que se los señala: Francisco en 1596
con “una S y un clavo entrambos carrillos”, en 1609 Diego y
en 1637 Pedro Muñoz y Blas López están herrados con “una
S y un clavo” en el rostro. En 1706, es vendida una negra
esclava “…con la p coronada en el pecho derecho y con la
marca de la factoría de dicha ciudad [San Felipe de
Portobelo] en la espaldilla izquierda…”.

45 | P á g i n a

�Arriba: hierro de 2 esclavos, Sebastián y Luisa, vendidos por Pedro de Luque (s.
XVII)
Abajo: hierro de 5 esclavos: todos sin bautizar, vendidos por don Francisco
Pallocque (s. XVIII)

Fig. 7

Pocas veces los contratos aluden a defectos físicos o
enfermedades, las mismas que inciden en el precio del esclavo.
Así tenemos en 1565 al negro Antón “manco de la mano
izquierda, desorejado, vendido en 300 pesos, por debajo del
precio promedio; María “ciega de los ojos” vendida en 1611
a tan solo 50 patacones o Francisco de Granda “quebrado y
potroso” vendido en 1561 por 120 patacones. Conocemos,
además, en 1572 que el negro Martín es enfermo del corazón
y en 1651 que el mulato Marcial padece asma; por su parte
Catalina es “enferma de los ojos” y Gerónima está “picada de
viruela”.
46 | P á g i n a

�En los contratos también son señaladas las tachas de los
esclavos como precaución para algún proceso redhibitorio
por parte del comprador. Francisco Martínez de Sigüenza en
1630 señala “…y aquellas [tachas] porque lo pueda
volver…”. Entre las más frecuentes están las de “borracho”,
“ladrón”, “huidor” y “costal de huesos y ánima en la boca”.
Como una muy rara es la indicada en 1563 para el negrito
Cristobalillo “se mea en la cama, es endemoniado y come
tierra”. Miguel, por su parte, es señalado en 1632 como un
“jugador de naipes”. En 1661 la mención de las tachas llega
a ser en el caso de María francamente contradictoria ya que
es señalada como ladrona y huidora a pesar de estar ciega de
ambos ojos (¡!)(¿Un subterfugio de la esclava para hacer su
vida menos dura?). El señalar las tachas, que para el inicio del
siglo XVII es un requisito obligatorio, para fines del mismo
es hecho en “señal de tradición”.
Observamos que la documentación no siempre ofrece
especificaciones respecto de las tareas que realizan los
esclavos, previo a la transacción. Conocemos de la negra
Marcela señalada como cocinera y de los negros Domingo,
oficial espadero, Diego Gallego, carpintero y Joan, tejedor:
Diego y Marcela son vendidos en 600 patacones cada uno,
alrededor de un tercio por encima del precio promedio. Sin
estar seguros de que realmente conoce el oficio nos
encontramos con el piloto Domingo. Los dos últimos son
conducidos hacia las minas de Zaruma.
47 | P á g i n a

�Algunos dueños de esclavos conocedores de algún oficio
en su pieza deben pensar dos veces para venderlos pues su
posesión les rendiría buenos dividendos económicos
adicionales, alquilándolos por ejemplo. Otros dueños como
el “negrero” corregidor de la villa del Villardompardo 232
(Riobamba) capitán Francisco Zapata Bizuete que en dos
días (18 y 19 I 1600) vende 51 esclavos señala el oficio de
tres de sus esclavos sin tomarlo en consideración para fijar su
precio pues cada uno de los 51 está cotizado en 150 pesos de
a 9.
Dudamos que el tejedor haya ejercido su oficio una vez
llegado a las minas. En otras ocasiones simplemente no
llegamos a conocer la valoración que se le da al oficio en un
esclavo. El oficial espadero Diego es vendido “a bulto” con
las herramientas del oficio.
Es de esperar una selección de orden sexual en los esclavos
al momento de la asignación de tareas. Las mujeres quedarían
adscritas a lo doméstico. Su presencia en el hogar da paso a
la miscigenación, evidenciada en la puesta a la venta de 20
esclavos mulatos criollos de Cuenca, que representan el 40%
del total de los provenientes de la ciudad en la segunda mitad
del siglo XVII. Con anterioridad a esta fecha las
compraventas de mulatos son poco frecuentes. Como señala
Lavallé (1986:450) “...no pocos españoles parecen haber
tenido una afición muy especial a (las) relaciones interraciales

48 | P á g i n a

�y extramatrimoniales que la esclavitud y el mundo colonial en
su conjunto hacían más fáciles y sin duda, toleradas...”.
Respecto de la estructura familiar del esclavo
podemos señalar que las leyes procuran que se realice el
matrimonio entre negros esclavos (Recopilación L VII, Tít.
V Ley viij). Conocemos de dos esclavos casados entre sí: en
1597 Isabel con Gonzalo; mientras Magdalena, Bartolomé y
Miguel no mencionan el grupo étnico de su cónyuge. En
1600 conocemos de un matrimonio interétnico: Francisco
esclavo negro casado con una india.
La Iglesia, por su lado, defiende el matrimonio de los
esclavos entre sí, señalando que al momento de realizarse el
negocio se procure hacerlo de los dos cónyuges, atendiendo a
los textos conciliares (Tardieu 1993:412). Este es,
precisamente, el caso de Leonor y Leandro que, aunque
viejos, son vendidos en 1601 como pareja por el clérigo de
Saraguro Juan de Bera. Resulta así fácil entender el hecho de
que el capitán Antonio de Mora, vecino y alcalde de la Santa
Hermandad de Cuenca, señala en 1597 a la negra Isabel que
cede a Hernando Pablos y su mujer, vecinos de Cuenca como
“...casada con Gonzalo negro, vuestro esclavo...” o la
transacción que Joan López de Laranga hace en favor del
presbítero don Antonio de Peralta en 1638: el primero
compró dos negros en diferentes lugares: a ella en la villa de
Riobamba y a él en la ciudad de Sevilla de Oro, al realizarse
la venta lo hace como un matrimonio. Mas, no siempre se da
49 | P á g i n a

�esta situación ventajosa para el esclavo. En 1596 Alonso de
Segura, vecino de Cuenca, vende a Juan de Ortega, otro
vecino de ella, una negra señalando que “...la dicha esclava la
vendo casada como agora lo es con Pedro, esclavo de Pedro
Despinossa...”, también vecino de la urbe. De todas maneras
la situación es ventajosa pues podemos suponer que la pareja
residiría por lo menos en la misma ciudad.
Causas de venta
El propietario de un esclavo puede disponer de él a su
arbitrio. Una de las maneras de hacerlo es la venta, de la cual
no siempre se indican sus razones.
En la documentación de Cuenca hemos localizado siete
cartas que expresan las motivaciones que llevan a los
propietarios a realizarla. En cuatro de ella conocemos las
razones que son del orden pragmático. En 1618 Francisca
Díaz y sus hijas venden dos mulatos, Joan y Simón, el primero
de entre 13 y 14 años en 200 pesos y el otro de 8 años en
150 pesos, al capitán Diego Ortiz de Montesdeoca,
señalando que “...dellos no tenemos servicio alguno...”. En
1636 María de Armijo, Francisco Frías y Mariana de Armijo,
su mujer, traspasan a Diego López de Reinoso el mulato
Francisco de 25 años en 200 pesos, señalando que “...no es
de provecho antes de gastos y daños y estar en riesgo de
perderlo por ser huidor (...) y está preso...”. En 1638 fray
Joan Sánchez, Presidente del convento de Santo Domingo de
50 | P á g i n a

�Cuenca, en su nombre señala, vende a Antón Angola de 37
años al mercader Bartolomé Gonzáles argumentando “...que
es de utilidad [su venta, pues] no trabaja con puntualidad, ni
acude muchas veces a lo que se le manda y anda a su voluntad
y con el procedido se pueden suplir necesidades...”. En 1647
doña María de Mercado vende a don Antonio de Veintimilla
Çurita, el negro Gaspar de los Reyes de 18 años de edad,
debido a que “...no tengo en que ocuparlo y con la utilidad,
sustentarme y a mis hijos…”, en la suma de 300 patacones.
No está demás señalar que el punto de vista unilateral
respecto del comportamiento del esclavo no tuvo su
contrapartida. En un solo caso la opinión le es “favorable”:
el mercader Diego Fernández en 1682 señala que la negra
Andrea, objeto de la transacción, no “...ha cometido delito
por donde se meresca pena corporal...”, mercader al fin...
A más del sentido pragmático de la venta, se deja entrever
en algunos casos cierta apretura económica. En el convento
de Santo Domingo desconocemos su situación económica
pues Chacón (1990:467-468) ofrece datos al respecto sólo
para el siglo XVI. En el de doña María de Mercado está claro
que el esclavo es uno de los pocos bienes o quizás el único
con el que cuenta para la supervivencia de sus hijos y la suya.
Como una buena cualidad del esclavo puede ser
mencionada la condición de ladina de Francisca (1596) y de
Lucía (1601), esto es, según Dubinovski (1988:138), que
conocen de alguna lengua romance o europea, así como que
51 | P á g i n a

�presentan cierta adaptación a las costumbres europeas. Estas
características, desde luego, representan un beneficio tanto
para el vendedor -son tasadas en 520 y 400 pesos,
respectivamente, por encima del precio promedio- como para
el comprador, pues le es de mejor y más rápida utilización.
Los tres casos restantes son de índole económica las
motivaciones para la venta del esclavo. En 1617 la viuda
Leonarda Hernández vende a fray Joan de la Sierra y Guevara,
prior del Convento de Nuestra Señora del Rosario de
Cuenca, a la negra Lucía Angola de 40 años de edad, en 350
patacones, con la declaración de que “…se bende para pagar
deudas que dejó Hernando de Luna [mi marido]”, a varios
acreedores; por coincidencia (¡!) la suma asciende al valor en
que es vendida. Por su parte el diácono Francisco de Mena
en 1639 vende a Bartolomé Gonzáles una negra criolla de
Cuenca de 22 años de edad en 350 patacones, señalando que
la transacción ha sido cancelada con efecto “...para entierro,
funeral y deudas de (Francisco de Mena) mi padre...”. En
1668 el licenciado Lucas de Ortega, vicario y capellán del
convento de Monjas de Cuenca, como albacea testamentario
de la difunta doña Leonor Basán de Tordoya, vende un
moreno para pagar sus funerales, según lo había dispuesto
con Gabriel Maldonado de Sanjoan.
Cualquiera haya sido el caso es evidente que las
circunstancias, especialmente las económicas, fuerzan al

52 | P á g i n a

�propietario del esclavo a vender su pieza por debajo del
precio promedio.

Condiciones de venta
La compraventa de un esclavo se la hace por escritura
pública ante un escribano. En el contrato son señalados los
requisitos de la transacción; en ocasiones se añaden cláusulas
particulares.
En Cuenca, la situación del esclavo huido al momento de
su comercialización se da en seis casos: Francisco, propiedad
de Alonso Núñez Valdez (1600); Nicolás, de Amador de
Álvarez Regalado (1607); Antón, de fray Francisco de la
Fuente, como ejemplos. En ciertas ocasiones se conoce el
paradero del esclavo: Francisco se encuentra en Pallatanga o
de una manera vaga se manifiesta de Miguel, esclavo de
Gerónimo de Quesada “...me han dicho anda cerca desta
ciudad [= Cuenca]”. El riesgo de poder recuperar o no un
esclavo lo corre el comprador, inclusive en caso de que aquel
muriese. Los reclamos, como lo hemos visto líneas arriba
pueden hacerse en otros sentidos. Luego de capturado el
esclavo es conducido a la cárcel pública más cercana. Gabriel
(1628), propiedad del licenciado Juan Alonso Carvajal y
Francisco (1642) del capitán Manuel López Prieto son
encerrados en Cuenca; María (1633), de doña Joana María
de Morales, lo es en la villa de Riobamba. En el caso de
53 | P á g i n a

�Gabriel, la transacción se efectúa un mes después de su
captura. Por su parte Marcos Gómez de Castilla vende en
nombre del capitán Manuel Prieto el esclavo Francisco
(1642) quien a pesar de la inseguridad del presidio de Cuenca
(Chacón 1990:362) permanece en el durante dos años.
¿Representa acaso más seguridad tenerlo en la cárcel o quizás,
debido a que los presos, según Chacón (1990:362), son
alimentados por las limosnas ofrecidas por gente de la ciudad,
significa un ahorro económico?
Una sola condición de carácter netamente jurídica es la
representada por la venta que realiza Juan Falcón de Mora de
una esclava angola por sólo 378 pesos a Juan de Vera por
encontrarse empeñada: debía realmente estar pasando
necesidades económicas.
Entre las modalidades prácticas de la venta de esclavos se
cuentan aquellas poco frecuentes: una esclava con su hijo al
pecho. Se presentan en 9 casos (3,36%), de las cuales una
está, además, preñada: se trata de la negra Isabel con un
embarazo de 4 a 5 meses, más un negrito llamado Luis,
criollo de 4 años (1632). Lucía Angola es vendida
únicamente preñada de cuatro meses (1617).
Se dan ciertas compraventas en las cuales los hijos/as de
las esclavas son mayores a la edad de lactancia (2,62%).
Las razones de estas modalidades de venta son obvias. Se
debe procurar mantener a los niños junto a sus madres.
54 | P á g i n a

�Cuando son algo mayorcitos se los puede separar de ellas,
como lo ocurrido con el negrito Bartolomé de 8 a 10 años de
edad, vendido conjuntamente con su madre por Agustín de
Merodio al capitán Francisco de Benavides, en 1648. A la
vuelta de un año lo será pero por separado a Diego de Lara.
Este caso nos muestra la realidad de la desintegración de la
familia de esclavos al realizarse la compraventa. Esta vez se ve
afectada aún más puesto que el comprador está de paso por
Cuenca.
Para valorar a una madre y su hijo deben hacerse ciertas
consideraciones que no aparecen en la documentación. Por
ejemplo se pagan tan sólo 200 patacones por Melchora,
esclava de 30 años, criolla de Zaruma con su hijo de 8 a 10
años de edad (1640). Años antes (1608) se había pagado por
Francisca de 30 años de edad y su hija la negrita de 3 ó 4
años 544 patacones, lo que no implica, necesariamente, un
descenso en el precio de los esclavos.
Un caso muy especial resulta la venta ya mencionada
líneas arriba de 51 esclavos, efectuada por el Capitán
Francisco Zapata Bizuete (1600).
Los esclavos identificados como hermanos representan
apenas el 0,79%.
En 1678 se da una venta singular: el licenciado Benito
Albares, vecino de Cuenca cede al bachiller Pedro Martín
Merchán, también su vecino 5 piezas de esclavos que
55 | P á g i n a

�representan 3 generaciones “...llamados Catalina Albarez (60
años), María Albarez (45 años), Joseph Albarez (25 años)
hijos de la dicha Catalina Albarez y Rosa Albarez (5 años) y
Catalina Albarez (de 1 año) hijos de la dicha María Albarez,
mulatos criollos de Hatun Cañar...” por la suma de 1.100
patacones.
Precios
Los precios de los esclavos (Cuadro 6) no siempre se
corresponden con sus características, pues como lo hemos
visto aquellos considerados en igualdad de condiciones de
sexo, edad u origen, presentan grandes variaciones.
En la urbe cuencana si nos atenemos a las cifras
observamos que su precio está en relación con su edad,
mientras jóvenes es alto. En otras ciudades andinas, conforme
avanza la edad del esclavo se da la devaluación.
En esta urbe se dan ciertas particularidades en este
sentido. Los bozales alcanzan su más alta cotización entre los
16-20 años, tanto en el hombre como en la mujer, no así en
los criollos que en dos fracciones de sus vidas (26-30 y 3135 años) alcanzan su más alta valoración. Del esclavo bozal
se espera fuerza física y del criollo experiencia (Tardieu
1993:410) y éstas parecen ser, precisamente, las condiciones
que habrían definido en Cuenca el valor de un esclavo pues
observamos que los valores van incrementándose en los
56 | P á g i n a

�criollos conforme avanza su edad; en las mujeres advertimos
un descenso brusco a partir de los 26 años, ya no es tan
idónea para la reproducción; mas, los mismos se incrementan
a partir de los 36 años: la esclava representaría un gran aporte
a las actividades domésticas, sería depositaría de la confianza
de sus amos, de ahí que sea reducido su número presente en
las transacciones; quizás motivaciones de lazos sentimentales
no revelados aún en la documentación también habrían
inducido a no venderlos.
Los esclavos criollos de España o de Portugal están por
encima del valor promedio.
A diferencia de otras ciudades andinas, de Cusco, por
ejemplo en Cuenca los mulatos no están en el “fondo” de la
cotización ya que llegan inclusive a superar -entre los 26-30
años- a los otros grupos.
Las mulatas comprendidas en estas edades, alcanzan un
altísimo precio. En esta oportunidad el factor que debió
primar habría sido que los mulatos vendidos a partir de la
segunda mitad del siglo XVII, prácticamente “rotaron” entre
los vecinos o moradores de Cuenca: la confianza a la que se
habrían hecho acreedores por parte de sus amos, el conocer
las costumbres de la ciudad, las posibles relaciones entre sus
antiguos y nuevos amos, habrían provocado su alto precio.
Las ventajas fueron tanto para el vendedor como para el
comprador.
57 | P á g i n a

�En relación al sexo, las mujeres alcanzan mayores
cotizaciones. Su venta fue ineludible y su compra necesaria
para el hogar.
Condiciones de pago
En las cartas de compraventa es imprescindible señalar las
maneras de pago. El 20,39% de los contratos son cancelados
con dinero en efectivo. En una sola ocasión (1594) se paga
con un tejo de oro estimado en 200 patacones que entrega
Miguel de Narvaja a Juan Muñoz Galán, presbítero de los
naturales de Cuenca, por la compra de un negro. Mas, no
siempre se hace efectiva la paga, aunque se mencione que el
vendedor se da “por contento y pagado”. Ya hemos señalado
con anterioridad (Arteaga s/f) que esta situación se da con
cierta frecuencia en Cuenca.

58 | P á g i n a

�Luego de suscribirse el documento y en caso de no
realizarse la paga, se efectúa un documento mediante el cual
el comprador se compromete a cancelar la compraventa. En
1600, Alonso Núñez de Valdés ratifica la suya luego de tres
meses que se efectuara. En ella se obliga a pagar al padre
Pedro Arias Dávila 900 pesos de a 9, luego de un plazo de
14 meses.
En la carta de obligación se especifican las condiciones de
pago por la transacción, de igual manera se lo hace en las
cartas de compraventa.
Desde las primeras ventas efectuadas en Cuenca en 1563
hasta la segunda mitad del siglo XVII la harina constituye
una opción de cancelación. Doña Juliana de Campo, vecina
de Cuenca, señala que puede pagar en harina a Pedro Homen,
morador en Guayaquil (1627), la compra del esclavo. La
harina, de hecho, sirve como parte de pago. El capitán
Francisco Abad, vecino de Cuenca, en 1631, recibe 350
arrobas de harina a fray Alonso de Mendoza. Joan Holguín
se compromete a dar 140 arrobas a doña Gerónima Flores,
vecina de Guayaquil (1651). Corroborando su tráfico hacia
el Golfo de Guayaquil en 1627 don Luis de Ribera confiesa
haber recibido 400 como pago. Otro sector geográfico de
importancia para el comercio de harina es las minas de
Zaruma. Francisco de Herrera, vecino de esta villa señala ha
de recibir de Alonso Sarmiento de los 450 patacones de la
transacción, 250 en este producto (1637). En todos los
59 | P á g i n a

�casos, el riesgo de colocarla en el sitio preestablecido lo corre
el deudor. Francisco de Herrera señala incluso la calidad de
la harina: “…a de ser passada por dos cedassos...”.
Otro género que sirve en la transacción es el azúcar. Joan
Ramírez de Merodio recibe 100 arrobas de azúcar de
Gonzalo Ortiz, vecino de Cuenca (1629). Gonzalo de las
Peñas, por su lado, paga 30 quintales de sebo (1564) por un
negrito a Francisco de Paz, vecino de Panamá y el vino dejado
en 231 botijas por el mercader Francisco Chabes a Gonzalo
de las Peñas en 1565 también sirve como medio de pago. El
ganado mayor del cual Cuenca está bien abastecida es
utilizado por sus habitantes en pago de la totalidad o de una
parte del valor del esclavo. De los 420 pesos de a 9 Francisco
Despinossa paga los 200 con una mula y un macho pardo a
don Martín Lozano (1592). Martín de Sanmartín en 1594
paga 90 pesos de a 9 de los 306 de la deuda con una mula.
Por su parte, el capitán Antonio de Mora en 1596 paga la
totalidad del valor de un esclavo en 110 novillos a Bartolomé
Carrasco, vecino de Quito. Antonio Solano de Suazo (1607)
cancela al licenciado Juan Peres Hurtado mediante “...160
novillos y toros y vacas...” por el importe de una negra. El
mercader Antonio de Santillana, vecino de Cuenca, da una
manta como parte de pago (1565) a Juan Rodríguez. Joseph
de Villavicencio, vecino de Riobamba (1634) paga con
“...tres paños de la tierra que tuvieron 150 y media varas a 19
reales cada vara...” a Andrés Rodrigues de Granda.

60 | P á g i n a

�Otra forma de cancelar la deuda, la tenemos al conocer
que Nicolás Méndez de Sotomayor pagará (1645) al Capitán
Antonio Blanco de Guzmán por una negra de la manera
siguiente: “...en cesión de dos vales…”: uno contra el
licenciado Diego de Encalada de deuda de 227 patacones y
medio, y otro contra Joan Ortiz de Bonifaz de “…setenta i
cinco patacones y dos reales y ochenta i dos patacones y dos
reales que a de dar en la villa de Zaruma al licenciado
Francisco Vasques de Espinosa, Vicario Juez eclesiástico de
Piura, dentro de quince días desde hoy con que se ajustan los
trecientos ochenta i cinco pesos del precio...”.
Entre las condiciones de pago están las relaciones con el
plazo fijado para la cancelación de la deuda. Dos extremos
los tenemos en la confianza demostrada por el licenciado
sacristán Joan Francisco, quien deberá esperar catorce meses
para cobrar de Fernando Álvarez de Salinas, vecino de Quito,
320 pesos en jerguetas y bayetas de la tierra en 1640 y en
aquel mediante el cual el alférez Antonio de la Piedra Ochoa,
vecino de Cuenca, en un lapso de dos meses cancelará al
capitán don Joan Valdés Cobarrubias, residente en ésta en
1678. Un plazo prolongado se entiende en el concedido por
el tiempo de 13 meses a Marcos Gomes de Castilla por parte
de Francisco Ximenes (1649), pues los dos son vecinos de
Cuenca.
En ciertos casos el plazo de pago se lo concede sólo por
una parte del monto. Joan Sánchez de Sotomayor deberá
61 | P á g i n a

�pagar 200 pesos de un total de 400 a Alonso Solano (1620).
Un plazo mayor no siempre significa un precio elevado por
el esclavo.
A veces el esclavo es hipotecado hasta cancelarse la deuda
por completo como en el caso de Lucía que es empeñada
(1637) por Alonso Sarmiento a su vendedor Francisco de
Herrera; de igual manera, Joan Sánchez de Sotomayor en
1620 empeña el negro que ha comprado a Alonso Solano
hasta abonar la totalidad del precio.
Una forma de señalar la propiedad de un esclavo está en
la de marcar con hierro a las piezas.
Para algunas personas, el señalar en la carta de
compraventa que el precio del esclavo no está pagado por
completo no basta y se recurre a marcar con un hierro. Así se
lo hizo a Luisa y Sebastián (1628), propiedad de Pedro de
Luque, vecino de Santa Fe de Bogotá, indicando que es
“...para no los vender ni enagenar ambos ni ninguno y
tenerlos de manifiesto hasta que (la) deuda del todo esté
satisfecha y pagada y no se deba cosa...”. ¿Se trata de una
marca particular del dueño o de una que expresamente se lo
hacía en ocasiones como ésta?
De su parte Bowser presenta algunos de estos objetos con
los cuales se marca a los esclavos de Lima (1974:84).

62 | P á g i n a

�Al terminar la carta de compraventa se establece un
plazo durante el cual el comprador puede hacer algún reclamo
respecto del esclavo. En 1596 conocemos que el plazo de
recesión de la venta es de cuatro años; con el tiempo se lo
reduce, así para 1623 se lo señala en dos años.
Dueños
Antes de indicar respecto de los dueños de los esclavos
debemos señalar que los interventores en la transacción no
siempre lo hacen a título personal.
En efecto, ciertas ventas se realizan mediante un poder
otorgado por parte del propietario del esclavo (12,81%),
siendo diversas las razones que los motivan para ello. Miguel
de Narvaja, residente en Cuenca, vende en 1594 un esclavo
propiedad del capitán Antonio de Mora, vecino de Cuenca y
familiar del Santo Oficio en Guayaquil, ausente de la ciudad
al momento de realizarse la transacción; a veces se confía el
esclavo a un familiar para que la realice. Antonio de Mora
señala que vende en 1563 una negra en nombre de su cuñado
pero el capitán Francisco Zapata Bizuete en 1600 lo realiza
en nombre de su suegro, un vecino de Quito.
La Iglesia tiene participación en el tráfico de esclavos a
través de un poder. El Bachiller Pedro Hurtado, beneficiado
de San Sebastián, a pesar de tener prohibido observar este
63 | P á g i n a

�tipo de transacción (Tardieu 1993:432), vende una negra en
nombre de doña Gerónima Flores, vecina de Guayaquil
(1651). Las relaciones comerciales en su interior se ven
reflejadas en la acción del maestro presbítero don Joseph
Hidalgo quien vende al licenciado Lucas de Ortega, vecino
de Cuenca, un mulato en nombre de don Francisco de
Cabrera, canónigo de la Santa Iglesia de Quito. Mas, siempre
está presente el aspecto religioso, por esta razón el licenciado
Gerónimo de Vega delega a García de Salzedo para que
efectúe la venta de un negro.

64 | P á g i n a

�Algunas personas se sirven de mercaderes en la venta tal
como lo hace el capitán Pedro Donzel de Araaya, vecino de
Latacunga, como apoderado de Antonio Gonzáles, que a la
fecha se encuentra en Cuenca (1632); el Capitán Manuel
López Prieto en 1644, soluciona el problema de la huida de
su esclavo, capturado y preso en Cuenca, a través de Marcos
Gomes de Castilla, vecino de Cuenca, quien lo vende.
Los albaceas se constituyen en intermediarios del
comercio de los esclavos. De los 10 casos (12,12%)
observados en Cuenca, 8 están representados por religiosos,
sea de manera conjunta con otro albacea, como lo hace Lucas
de Ortega, Vicario del convento de monjas de Cuenca y doña
Magdalena de Arze, viuda de Manuel Coello, en nombre de
ésta (1633) o de una manera individual como lo efectúa el
licenciado Francisco de Núñez de Bonilla en 1634 como
albacea testamentario del capitán don Cristóbal Núñez de
Bonilla.
También se delega a tutores y curadores de bienes
(0,67%) como lo es doña Estefanía de Ramírez de Heredia,
vecina de Cuenca, a nombre de sus hijos menores (1682) o a
personas mayores como lo hace doña Sebastiana de Ceballos
en 1634 a su abuelo Andrés Rodrigues de Granda, familiar
del Santo Oficio y vecino de Cuenca, por ser menor de edad.
Respecto al origen geográfico de los interventores en la
compraventa de esclavos, suman 561, incluyendo los doce
65 | P á g i n a

�casos de reventas, de los cuales, 42 casos (14,14%) se han
considerado como una sola persona, a pesar de que son varias
las involucradas en la transacción.
El 20,20% suman aquellos cuya procedencia no ha sido
señalada en la documentación.
Si tomamos en consideración que el 66,84% de los
involucrados son vecinos, residentes o moradores en Cuenca,
podemos hablar de una economía prácticamente cerrada de
este comercio, con lo cual no se da un ingreso o egreso de
circulante de la ciudad.
En este punto es, quizás, en donde se podrían realizar
investigaciones a futuro, pues conociendo más sobre, por
ejemplo, las actividades de los nuevos amos, se deducirían las
tareas que se les habría asignado, las que por el momento sólo
podemos inferir. Así el padre Pedro Arias Dávila, beneficiado
del pueblo de Girón, habría utilizado en tareas agrícolas a sus
esclavos (1594) o en el caso de don Toribio de Beintimilla
(1637) los habría hecho en sus numerosos trajines al ser un
riquísimo comerciante, en fin...
La Iglesia, como lo habíamos esbozado líneas arriba, se
involucra en gran medida en la comercialización del esclavo,
sea a nivel individual o a título de comunidad religiosa. Su
presencia implica el 26,59% de las transacciones en Cuenca
ya como intermediarios, a través de poderes o como actores
66 | P á g i n a

�directos. En 58 cartas de compraventa están actuando como
vendedores, siendo el licenciado Diego de la Barga
Villloslada en cuatro oportunidades (1607, 1610, 1611 y
1624) sumando cuatro esclavos; por su parte, el bachiller
Pedro Morán Merchán tiene a su haber la mayor cantidad de
esclavos registrada en las notarías de la urbe cuencana, cinco
en 1678, En calidad de compradores intervienen en 41
ocasiones; y es nuevamente el licenciado de la Barga
Villoslada el que está presente pues asoma entre 1610 y
1624; el bachiller Pedro Marchán compra cinco esclavos
criollos de Hatún-Cañar en 1678.
El 4,71% representan las compraventas efectuadas entre
religiosos. La Iglesia mantiene esta actividad de forma
sostenida a través de los dos siglos.

67 | P á g i n a

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73 | P á g i n a

�Contenidos
..........................................................................................
Introducción .................................................................... 1
El mestizaje biológico y cultural en Cuenca: los negros y sus
categorías......................................................................... 6
Las negras, los negros y las castas en la sociedad local .......... 8
Compraventa de esclavos................................................. 34
1 - Origen geográfico ..................................................... 35
-1– a Bozales ................................................................. 36
1-

b- Criollos ............................................................. 40

2 - Características ........................................................... 44
Edad ............................................................................. 44
Signos y actividades ........................................................ 45
Causas de venta .............................................................. 50
Condiciones de venta ...................................................... 53
Precios .......................................................................... 56
Condiciones de pago ...................................................... 58
Dueños.......................................................................... 63
Bibliografía .....................................................................68

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              <text>Dr. Diego Arteaga</text>
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